En esta entrevista, el escritor presenta su nuevo libro “Missing: una investigación“, la historia de la oveja negra de su familia. Un tío que se adormece en el sueño americano hasta que se le pierde la pista… por años. “Se le metió en el ADN la idea del road, del vaquero, del errante, de que es más importante siempre estar moviéndose. Onda que el que tiene una casa, de alguna manera, perdió”, comienza disparando.
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La primera de las dos escenas de esta entrevista sucede en la librería Qué leo. Es jueves por la tarde. Alberto Fuguet se sube al segundo piso de la tienda ubicada en Providencia para empezar la presentación de Missing: una investigación. Inicia leyendo el capítulo donde cuenta la raíz de la investigación. El por qué y cuándo se obsesionó con esta historia. Luego hace una pausa. Comenta que va a leer otra parte del libro, una que viene más adelante.
Y acá, entonces, hay que insertar el spoiler: Missing trata sobre, sí, el tío de Fuguet que se pierde. Carlos Fuguet, la oveja negra de la familia que se adormece con el sueño americano y que, por varios años, se le pierde la pista. Pero como los buenos policiales, eso no es el quid del asunto. Por eso Fuguet da la advertencia: “Sí, a mi tío lo encontré”. Y acto seguido lee la parte de Missing en que Carlos tiene un largo monólogo a través del cual cuenta su vida. Desde sus años en Santiago cuando vivía en Ñuñoa, cuando entró a la universidad y flirteó con las juventudes comunistas, hasta cuando se fue a Estados Unidos, lo llamaron para ir a Vietnam y terminó —like a rolling stone– vagando por hoteles de mala muerte y ambientes peores. Todo eso, claro, antes de que a un sobrino suyo se le metiera en la cabeza la idea de hallarlo. El mismo sobrino que, en esta escena, en la Qué leo un jueves a fines del 2009, termina de presentar su último libro y se presta a firmar ejemplares y saludar lectores.
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La segunda escena ocurre un lunes por la mañana. Fuguet sorbe un café en la terraza de un Starbucks. La conversación empieza con comentarios varios sobre cosas varias: Inglorious Basterds, la película que está preparando (Velódromo), los proyectos que tiene para Cinépata. También hay mención a Mis rincones oscuros, las memorias de James Ellroy en que cuenta sobre el asesinato de su madre y cómo eso le cambió o embarró la vida (“Sí, bueno, es un libro que releí mientras escribía Missing. Me lo recomendó Ray Loriga y a mí me encanta”). Y asimismo, la pregunta —a propósito de un graciosillo artículo de La Tercera— de si PANIKO.cl entra en la categoría “shúper” o no.
Hasta que todo esto deriva en Carlos Fuguet. En qué fue le que le pasó a su tío como para perderse y no dejar rastro:
“Carlos sin ser tan culto, se le metió en el ADN la idea del road, del vaquero, del errante, de que es más importante siempre estar moviéndose. Onda que el que tiene una casa, de alguna manera, perdió. La idea de que hay que ser libre a toda costa. Por eso se perdió”, comienza disparando el autor de Las películas de mi vida y director de Se arrienda.
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¿Cómo fue el proceso de ensamblaje, de armar este libro? En Mi cuerpo es una celda, tu último proyecto, hubo un proceso de editar, cortar y pegar que, en Missing, se percibe…
-Mira, yo creo que este libro podría hacer salido hace cinco años. Cuando encontré a mi tío. Pero no fue así. Y que bien que no haya sido. El verdadero ensamblaje es que yo no quería que se publicara el libro. Missing es como un making of público, como el libro nunca se hizo pero que se publicó.
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Igual, no sé, la forma en que termina un capítulo y empieza el otro están súper pensadas ¿o no?
-Sí, claro. Pero no fue como brusco. Fue como tengo todo este material y no sé qué hacer con esto. No fue tan pensado. Hubo harto de improvisar ¿Tú leíste el libro?
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Sí.
-Ya, la parte en que entrevisto a mi tío se nota que no estaba funcionando. Por eso luego está ese monólogo que es como el ensamblaje y es donde a Carlos lo invento a un nivel épico y espiritual.
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¿Y cuánto de ficción y no ficción hay?
-Digamos que el 97% de los hechos concretos que vivió en Estados Unidos son verdad. Pero yo los ambientaba. De todas maneras Carlos quedó muy contento. Me dijo: “Me hubiera gustado pensar esas cosas”. Y eso fue el mayor premio para mí.
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¿Le mandaste el libro a Carlos?
-No se lo mandé, se lo fui a dejar.
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¿Cuándo?
-En marzo de este año que es cuando Missing se terminó de completar. Terminé el monólogo y luego el capítulo final en que cuento que el libro casi no se hace. Y nada, yo sentí que había que entregarle el libro en persona. No por mail ni Fedex…
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¿Y qué te dijo cuando lo leyó?
-Lo primero fue pedirle a mi papá que me acompañara de guardaespaldas. Igual el rollo era raro, como entregar una urna. O una ceremonia. Pero para eso, antes mi papá tenía que leer el libro. Entonces nos juntamos en mi casa, se lo pasé, le dije con qué cosas podía encontrarse, que cosas podían molestarse. Y le di un plazo. E igual le dije que si no le gustaba, podíamos cancelar el viaje. Yo podía ir solo, pero me parecía más entretenido ir los dos. Como un road movie. Y un día, cuando yo estaba en Inglaterra de viaje, me escribió y me dijo que le había gustado muchísimo y que fuéramos. Y fuimos. Primero a Los Ángeles donde mi papá quiso ir a ver a su padre; así que fuimos al cementerio. Y luego a Las Vegas que es donde mi tío vive ahora.
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¿Cómo fue ese encuentro?
-Mira esa tarde, llegamos, cenamos los tres y hablamos hasta tarde. Después Carlos nos fue a dejar al hotel nuestro. Y ahí yo le entregué el libro. Y le dije: “mira, nosotros vamos a estar tres días en el hotel. Léetelo y date todo el tiempo”. La idea era que pasados esos tres días nosotros íbamos a recorrer el desierto con mi papá. Y nada, apareció al otro día, muy temprano, con el libro bajo el brazo, y dijo que le había gustado. Que se lo había leído en una noche en un café. De una. Y nos fuimos a una librería, a la entrada de Las Vegas, a hablar del Missing.
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¿Y te pidió cambiar cosas?, ¿o se enojó por algo?
-No. No cambió nada. Yo pensé que me iba a cambiar cosas, cosas que se había arrepentido, que me había dicho off the record. Pero me dijo que se sentía que ahora tenía una historia, que estaba contento.
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Igual todo esto que me dices perfectamente podría haber venido en Missing. Onda de capítulo final…
-Sí, podría. Y lo he pensado. Pero no en este libro. O en esta versión. Tal vez más adelante. Porque al final uno puede seguir y seguir y claro: ¿cuándo se para?
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Pero igual el momento en que Carlos recibe el libro y te lo comenta sirve de cierre.
-Sí, aunque siento que da más para un cuento. Con lo del viaje con mi papá también, que fue un viaje que lo pasamos muy bien.
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En cuanto al monólogo de tu tío, ¿cómo llegas a escribir algo así? Es un tipo de narración que nunca habías usado…
-Me sirvió mucho una entrevista que le leí a Manuel Puig donde contaba cómo había hecho para escribir Sangre de amor correspondido. Ahí cuenta que grabó a un tipo y que puliéndolo y puliéndolo al final un tipo analfabeto de Brasil terminó siendo muy de la narrativa de Puig. Y yo hice eso con Carlos; le fui sacando, sacando hasta que convertirlo en este formato. Hasta llegar a esa voz. La idea era llegar a una confesión pero distinta de lo que pasa en las entrevistas. Eso de: “Carlos, dime, ¿Estás perdido?”, “No, no estoy perdido”. Y al principio iba a tener fotos, pero se las saqué, me di cuenta de que al revés: la gracia era no mostrarlo cómo estaba ahora. Pero mi idea con el monólogo era que Carlos le hablara directamente a la cámara y que fuera rápido. Directo.
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Al final del libro, se cuenta que casi no sale. Como que algo pasó ahí que te detuvo, por un momento, a publicarlo.
-Sí, pasé por eso. Pero me di cuenta que, al final, yo no quería que este libro saliera post. Porque, y ahora me doy cuenta, el que está súper contento es Carlos. Y a larga las historias de este tipo todos la saben. Y sí, creo que esta historia era a nivel, fuerte. Una historia que nadie quería leer en mi familia. Pero el resultado terminó siendo más low key; Carlos no terminó siendo un asesino, ni un serial killer, ni un monstruo. Y realmente me parece que no pone en vergüenza el nombre de la familia.
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Al final, se perdió no más…
-Sí, simplemente se perdió y tropezó. Como muchos.
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