¿Alguien lee en verano? ¡Sí, todos! ¿cierto? Es por eso que para esta ocasión, no sólo reseñamos Tarot de la carretera de Manuel Illanes, un libro de poemas que habla sobre virarse a recorrer Chile, si no que además regalamos un ejemplar entre quienes comenten.

Conocí una vez una chica que lo único que disfrutaba en la vida era cuando llegaba el verano. Porque así, apenas empezaban las vacaciones, se iba a mochilear por el norte y si tenía suerte, llegaba a Perú, Bolivia o qué sé yo qué extraños países más uno se encuentra cuando se va para el norte de Chile. A mí, me apesta mochilear y acampar y hacer todo ese tipo de cosas que a la clase media acomodada le gusta tanto para sentir adrenalina y enfrentarse al precipicio de clases, y lo más lejos que he viajado sin tener rumbo fue a Rancagua una vez que me equivoqué al tomar un bus en el terminal.

Tras una humilde factura, casi artesanal y algo difícil de leer por el empaste, el debut de Manuel Illanes (1979) se llama Tarot de la carretera (Editorial Fuga) y aborda, precisamente, la historia de dos jóvenes que viven viajando por nuestro país mientras escuchan a Bob Dylan o David Bowie -los epígrafes que abren el libro-. Estamos hablando de una publicación de poemas, cuya forma varía entre la prosa y el verso, siendo más abundantes los momentos de cercanos a la narrativa (aquellos en que se cuenta una historia, en lugar de la “pura expresión de sentimientos” como dicen los profes del cole cuando hablan de poesía), aun cuando son los momentos de poesía más tradicional los que Illanes maneja al punto de lucirse.

Disfrazado de diario de viajes, en Tarot de la carretera, podemos encontrar un manual sobre cómo entender a los mochileros, cito: “Una experiencia sorprendente, la de estar completamente rodeados por el mar, de flotar sobre su superficie reluciente, de ser espigas de oro en mitad del campo de trigo del atardecer”, en donde además se realiza un paralelo constante entre un pasaje -exterior- y anotaciones mentales a la manera de reflexión -interior-: los dos motivos clásicos del viaje.

Pero hay más. Illanes es capaz de indagar complejamente en las distintas dimensiones que el viaje ha tenido desde la modernidad hasta nuestros días, representando a través de ese Chile cotidiano y provinciano todo un mapa de la cultura y de citas literarias, en donde pasearán mitos clásicos, personajes de la cultura griega, pasando del modernismo al fláneur de Baudelaire. Evidenciándose el cariño por Kerouac y, en general, los beatniks, no sólo en la cita sino en cierto tono y perspectiva de las cosas.

A ratos el libro se torna demasiado enciclopedista, en lo relativo a lo anterior, y puede volverse un poco abrumador, sin embargo, se resalta la recopilación de pensamientos sobre el paisaje, la idea del movimiento versus lo estático, como una gran metáfora zen en un mundo que ha perdido las instancias de congelamiento, sucumbido frente a las carreteras del posmo y la vida entre máquinas que nunca paran.

Lo de Illanes funciona, y hace pensar en no detestar tanto a la persona que se esconde tras esa cargadísima mochila viajera la próxima vez que la vea en la carretera haciendo dedo.