Febrero de 2010. Feria del Libro de La Serena. Mythica Ediciones presenta su primera novela: Psique. La autoría se le atribuye a una misteriosa Carolina Lehmann y su historia, una semana más tarde, se transforma en un déjà vu. Aquí las razones.

Todo comienza con Psilvia Quesada (el personaje central), despertando en su departamento con algo de amnesia. En el exterior, todo es caos. La zona centro-sur de Chile ha sufrido un cataclismo. Hay lugares arrasados por el fuego, calles agrietadas, edificios en el suelo, cadáveres arrumados en sitios públicos, basura apilada por montones. Hay toque de queda y fuerzas de seguridad custodiando en las esquinas.

Paula, su amiga y amante, le cuenta lo sucedido: “Estaba en mi casa bajándome una de vodka desde temprano, chata de la vida y del trabajo y de estar sola. Entonces sentí el temblor, y luego otro y otro (…) El edificio se movía como si se fuera a caer, ¡pensé que me iba a morir!”.

Psique se convierte así en una cruda postal del terremoto del 27 de febrero. Aunque ambientado el desastre en Santiago, las coincidencias aparecen y aparecen: edificios inclinados, gente huyendo de sus departamentos, ascensores que no funcionan, buses que no pueden ingresar a las ciudades y un panorama completamente desolador.

Entre medio, Psilvia y Paula se mueven a duras penas, atravesando sus historias de búsqueda, desamparo y soledad. La novela avanza a un ritmo acelerado, propio de la ciencia ficción, y de giros que le deben más a los cómics que a una narrativa demasiado intrincada.

Además, un extenso y variado soundtrack acompañan este libro al que no le faltan condimentos pop. El Divino Anticristo, por ejemplo, aparece convertido en un angelísimo en Valpo, el cuerpo del “Chino” Ríos es rescatado desde un “siniestrado” Passapoga o el eterno candidato presidencial de la oposición inaugura represas en Aysén.

Luego de intensas gestiones, Carolina Lehmann accedió a hablar. Lo suyo no son las entrevistas nos dijo Sergio Amira, co-autor de este libro junto a Daniel Guajardo. En la primera entrevista de Paniko a una autora ficticia, Lehmann musicaliza además sus respuestas con dos canciones insignes de su novela.

Hay detalles que parecen sacados desde la novela a los noticieros. ¿Cómo tomaste esas semejanzas con el terremoto que azotó a Chile?
—Yo no reaccioné mucho, no soy reaccionaria. Sergio dice que soy beatnik en el sentido que al igual que aquellos jóvenes de antaño abomino a la sociedad pero no me levanto activamente contra ella. Soy alérgica lírica, no rebelde. Estoy contra la discriminación de las minorías sexuales pero nunca he participado de marchas o protestas. A los beatniks la guerra fría les parecía absurda, pero se abstenían a votar contra Eisenhower. Yo encuentro absurdo un gobierno de derecha, pero ni siquiera estoy inscrita para votar. Sí, soy bien beatnik pa’ mis weas.

Pero igual era una situación rara. En el libro, las escenas después del terremoto son caóticas, pero en Conce por ejemplo eran peores…
—Sí, fue peor porque le pasó a gente real, los personajes son sólo carne de cañón. ¿Viste esa peli dónde el tipo se da cuenta que es un personaje de un libro y que va a morir porque la autora siempre mata a sus personajes al final de sus novelas? Yo me siento así a veces, más como Harold Crick que como Karen Eiffel en todo caso.

¿Temes que se hable de “Psique” sólo por ese aspecto premonitorio?
—Temo más que no se lea. Si lo premonitorio sirve para que la gente sepa del libro y lo compre, mejor.

Por momentos el relato se vuelve además muy ágil, muy cinematográfico. No cuesta imaginarse una novela gráfica o un cómic. ¿Hay algo de eso?
—Supongo que sí. Cuando uno escribe lo hace con su mochila a cuestas, ¿no? y eso incluye el cine y en mi caso el manga. He leído mucho manga, One Piece, Hellsing, Death Note, YuYu Hakuso y por supuesto Dragon Ball y Sailor Moon que me iniciaron en esto del animé. Daniel está bien metido en el manga, Sergio más en los cómics norteamericanos y hasta tiene su propia superheroína, Atómica. Tal vez la segunda parte de Psique la saquemos en formato novela gráfica, aunque yo no formaré parte de ese proyecto.

El soundtrack también es fundamental. Hace rato que no leía una novela con tantas (y tan diferentes) referencias musicales…
—Es que todo lo hago escuchando música, en especial escribir. Hay temas que están ahí porque estaban sonando en la radio y que jamás habría puesto de no ser por eso. Hay otros de los cuales saqué diálogos para los personajes, como al final cuando Paula le dice a Psilvia: “quiero conciliar la violencia que habita en tu interior y que reconozcas que tu belleza no es sólo una máscara”. Eso es parte de Undisclosed Desire de Muse que comenzó a sonar en las radio justo cuando terminaba de escribir el libro. Hay también varias canciones que tratan sobre el amor entre dos mujeres que me encantan y también otras que detesto profundamente como I Kissed a Girl, pero que tenían sentido que estuvieran ahí.

¿Cómo distribuiste las canciones?
—Mis gustos musicales priman sobre la primera parte, pero cuando la acción cambia de Santiago a Valpo el soundtrack se vuelve más ecléctico y pasamos de La Roux a Agrupación Marylin. Y no sólo hay algunos diálogos que han sido adaptado de letras de canciones sino también personajes como el “Hombre de la mano roja” de Red Right Hand de Nick Cave y Mackie Messer tomado de Mack the Knife, el tema de Kurt Weill y Bertolt Brecht que se convirtió en un standard interpretado desde Louis Armstrong hasta Robbie Williams, aunque la versión que escogí para Psique es la de Bobby Darin que es mi favorita.

Hay que reconocer también que Psilvia y Paula tiran como si en la próxima réplica el mundo se fuera a acabar. En el fondo, ¿hay alguna suerte de reivindicación del lesbianismo?
—No creo que haya una reivindicación del lesbianismo ni de nada. Los personajes son como tenían que ser nada más. Creo que no hay mejor manera de tirar que como la que tú describes, como si el mundo se fuese acabar, nada de la petit mort sino la grand mort. Al menos así me gusta el sexo a mí, Psilvia y Paula son dos aspectos de mí misma, he sido una y otra en distintos momentos de mi vida, no podía hacerlas heterosexuales. A Paula, que es algo así como la reserva moral de Psique al menos no, Psilvia es muy diferente.

Señalaste además que en este país a un escritor gay, tipo Lemebel o Simonetti, le puede ir bien. Mientras que una escritora lesbiana, como Mistral, se le ignora…
—Al menos en Chile pareciera que sí y ya hablé de Lemebel y Simonetti que deben estar en los polos opuestos de lo que el gay puede llegar a ser. Lemebel es el lado salvaje, como salido de la canción de Lou Reed, mientras que Simonetti sería como el amigo gay de Patrick Bateman. En mis vacaciones en Viña andaba en el mall y de repente me encuentro con Simonetti presentando su última novela acompañado de Sole Onetto. Tan estupenda ella, tan católica y tan rubia, me pareció todo tan curioso que saqué la cámara para tomar una foto y llega un guardia y me dice: “no puede tomar fotos aquí señorita”. Igual ya había tomado un par de fotos en todo caso para mostrárselas a mí mamá que encuentra tan regio, como todas las viejas que lo tienen de best-seller con su novela que, según él, “violentaría” a “los espíritus conservadores”, pero que yo creo que no violenta ni a Hermógenes Pérez de Arce.

Finalmente Carolina, ¿cómo fue escribir a seis manos?
—Un escritor es finalmente eso, independiente del género (sexual y literario). Hoy en día las desventajas de escribir en conjunto tienen que ver con la incapacidad del otro por entender ciertas cosas que un personaje debería hacer o decir por ejemplo. Recuerdo una gran discusión que tuve con Daniel por unos aros. Yo los agregué sobre el velador en una escena y él me escribió qué de dónde chucha habían salido y le respondí que de las orejas de Psilvia por supuesto, y que yo por lo menos uso aros y me los quito cuando me voy a la cama. Detalles como ése, como el tema de la tapa del baño. Escribir un libro entre varios autores es lo que más atención le ha llamado a la gente, ¿sabes? Más que las coincidencias con el terremoto incluso. Ejemplos literarios hay bastantes, pero yo al menos le suelo decir a los que me preguntan que la mayoría de las series de televisión y muchas películas cuentan con equipos de escritores trabajando en cada episodio. Creo que este es un buen camino para producir novelas más dinámicas y visuales, claro que es difícil porque en la literatura los egos parecieran ser más pesados.