Tuve la suerte- según mis papás- o la mala suerte- según yo- de pasar el terremoto muy lejos de mi patria. Fue una noche terrible en la cual comunicarse con las familias y seres queridos era un derivado del ravotril. Pero en vela y pegada al computador tratando de recolectar datos y la mayor cantidad de información posible de lo que estaba ocurriendo, vi la otra cara. » Sigue leyendo este artículo.
























