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Javiera Mena: La conquista de la voz

por · Diciembre de 2014

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Soy un adulto mayor. Hace pocas semanas cumplí 40 años. Mis amigos y familiares se unieron para ayudarme en este difícil trance, y recibí dos regalos muy especiales. El primero fue un precioso bolso de viaje de parte de mi adorada Marcela, que le recordaba al que aparece en una foto mía cuando chico, de pie en el patio del jardín infantil, muy peinado y seguro de mí mismo. El segundo fue un poster autografiado por la mismísima Javiera Mena, gracias a la impecable gestión de Damas Chinas, un equipo de producción multidisciplinaria conformado por las fantásticas Josefina y Megumi. Me emocionó mucho este regalo, tanto como el que me dieron el año pasado: una flauta dulce también autografiada por Javiera Mena.

Cuando entrevisté a Javiera hace cuatro años hablamos mucho de la flauta dulce. Hoy ya no toco tanto la flauta dulce. Muchas otras cosas han cambiado. Me compré una bicicleta hipster. Me cambié de trabajo. He ganado amigos y he perdido amigos. Pero ella sigue siendo mi ídola. He ido a muchos de sus conciertos, he escuchado una y otra vez sus discos, y he llegado a la convicción de que, junto a Violeta Parra y Scottie Scott, es la mejor compositora de Chile. También he enfrentado la incomprensión: a muchos (especialmente a los jóvenes poetas chilenos) les cuesta entender que sus canciones me interesan mucho más que la mayoría de los libros de los jóvenes poetas chilenos.

Aunque he tenido la suerte de conversar otras veces con ella, para esta nueva entrevista volví a sentir el mismo nerviosismo de la primera vez. Me citó en un restaurant vegano. Cuando iba para allá conversé por whatsapp con Damas Chinas, quienes con su milenaria sabiduría oriental me tranquilizaron: «Va a salir todo super». Javiera llega acompañada por Uxía. Le agradezco por su participación en los regalos de cumpleaños y valoramos el excelente desempeño de Damas Chinas. Conversamos sobre la entrevista que le hizo Jofré, que le gustó mucho. Le doy los saludos de mi adorada Marcela. Me cuenta que conoció a mis hermanas. Mis hermanas son muy guapas y muy glamourosas, y siempre salen en las páginas de la Vida Social. Yo no. También hablamos de cuando conoció a mis padres, y ellos se acercaron para saludarla y decirle que yo era su fan.

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—Cuando mis papás te escucharon tocando a comienzos de año, mi padre, que es ingeniero, me llamó para hacerme un reporte muy detallado. Me dijo que le había gustado mucho tu show por cuatro razones: «1) no desafina; 2) tiene buena voz; 3) canta canciones bonitas; y 4) es autosustentable». Quería preguntarte precisamente por eso de autosustentable, porque a él le llamó la atención que pudieras montar un show tú sola. Has pasado de un formato de cantante con banda o cantautora, a una mezcla de dj o productora que canta, y quería preguntarte cómo ha sido ese cambio, qué lo motivó y cómo está funcionando.

—Sí, en este camino he estado siempre buscando nuevas formaciones y también la manera de llevar la música electrónica en vivo. Entonces, claro, viendo a mis pares, referenciándome, en un momento yo tenía muy apegada esta moral del rock que es como «tiene que estar tocado». De hecho, hay músicos que esconden el computador para decir «estamos tocando», aunque estén sonando las secuencias. Y me dije: a quién estoy engañando, qué cosa más honesta y más bonita que poner al computador de rey, al centro, alumbrado. La programación reina, y es así, y esto viene desde hace muchos años, desde Kraftwerk, que está todo grabado. Además, estamos en una época en que hay muchos elementos para hacer un show en vivo y poder bancártelas sola. Entonces me fui más para ese lado: ir a lo visual, dar un show de entretención con las canciones que ya existen, más que demostrar que se están tocando las canciones.

—Claro, y además tu carrera implica mucho movimiento, con un pie acá, otro en México, otro en España; es un proyecto muy nómade.

—Totalmente. Por ejemplo, esto me permitió tocar en Pulsar y la misma noche irme a México, tocar, y volverme, con un pasaje. Es muy liviano. Yo veo a los djs que andan de allá pa acá, que andan solos, y yo lo que quiero es moverme y creo que la música que hago me lo permite. Tú escuchai mi disco y está todo programado, la magia del show se puede buscar por muchos otros lados que no tienen que ver con que sea una banda.

—Me gusta eso que decís de la honestidad, porque siempre está ese cliché de que el rock o la guitarra es como la emoción más directa, y que la electrónica es fría, más impersonal, y acá tú lo estai planteando en otros términos.

—Mucha gente me ha dicho que a este nuevo formato le falta algo más en vivo, pero yo creo que esta gente no se hace un upgrade a lo que está pasando ahora. O sea, hay muchos haciendo esto, los mismos Daft Punk que, claro, tienen una media estructura piramidal, y uno va a ver un show de luces. Cuando voy a un festival de música me voy a la parte de los djs; yo me aburro, personalmente, con una banda. A mí me gusta bailar, ese tipo de comunión en los shows en vivo. Yo creo que esta cosa de la honestidad, de la guitarra viene también de que es un instrumento que te da matices, un control más directo, pero también falta ver lo que está pasando en la música electrónica. Creo que esta concepción es más del indie, el indie está muy pegado al rock todavía. Y hay muchas formas de hacer música, no solamente una banda.

—Cuando hablabai me estaba acordando del concierto de Daft Punk que hubo aquí hace unos años, no sé si fuiste…

—Sí, me desmayé.

—Pa mí fue uno de los conciertos más impresionantes de mi vida. Y había algo muy bonito, porque ellos estaban ahí arriba de la pirámide, bien lejos, casi ni se movían, y yo en un momento estaba en éxtasis por todo lo que estaba pasando y pensaba: esos huevones pueden no ser ellos, perfectamente podrían haber mandado a cualquier tipo, puede estar todo grabado, y me da lo mismo, no me importa. Este año estuve en Sonar, también, y todo esto que estamos hablando no tiene mucho sentido.

—Claro, yo creo que pasa más acá o en México que me vienen esos comentarios: «extraño a un músico ahí», y yo digo: yo no lo extraño, al contrario, me siento con más libertad, mucha más libertad que antes, cuando tocaba con músicos por tratar de responder a algo que, en el fondo, no lo estaba sintiendo.

—En ese sentido, quería preguntarte tu uso de programas como el Ableton Live, que te permite hacer variaciones a partir de estructuras más modulares, no lineales. Cuando estai sola tenís más libertad para jugar, no sé si estai haciendo más improvisaciones, o tratas de mantener exacta la estructura de la canción grabada.

—Mira, justamente antes de venir acá estaba en mi casa preparando mi nueva sesión que se llama «New Set 2015» y me estoy planteando, con los clips en el Live, tener más libertad para extender partes, como la misma intro. Me gusta que tenga esa cosa rica del vivo, poder de repente sacar un bombo porque te dio la gana en ese momento, por ejemplo.

—… como ser dj de tu propia música.

—Claro, un live set, totalmente así. Antes me mantenía con la estructura de las canciones, y jugaba con otras cosas, estaba experimentando con tirar información midi a los sintes, y con las perillas jugar con los gates, con los filtros. Pero ahora, aparte de eso, con las nuevas herramientas que he estado agarrando, quiero extender las intros, los interludios, y armar un live set que no pare entre una canción y otra, todo en una sola sesión. Y he producido un show totalmente en vivo que es distinto al disco. Lo que conservo son algunos bajos, sintes, pero las baterías las armé todas de cero, para mantener, por ejemplo, siempre el mismo bombo, y otras cosas que son funcionales al sonido del show y que en el disco se trabajan con otra lógica. Es como armar otro disco para hacer un show en vivo.

—Igual lo complicado que tiene tu show en vivo es que la concentración tiene que ser total. No es como en las bandas, que el vocalista se puede ir a tomar un trago al backstage; tú tenís que estar ahí todo el rato y no podís pasar a llevar un botón por error. Y quería preguntarte cómo lo armai pa que sea un set funcional, y bien plástico, que te permita hacer estas variaciones. Hay músicos que ponen los clips con ciertos colores para acordarse, a mí me gusta ver eso como una especie de partitura.

—Sí, yo ocupo mucho los colores, también para cuando hacemos la separación de todos los canales para que el roadie lo haga rápido tengo todo configurado, las armonías van en el rosado, los bajos van en el negro, y también tengo mi propio lenguaje, aquí «zona arcoiris», por ejemplo, y ponerle colores a los tempos o a las intensidades en cada clip me ayuda un montón.

—¿Y ponís efectos en los sends también, vas jugando con eso?

—Hasta el momento, más que nada filtros en los bajos, pero estoy trabajando con sidechain también en algunas partes, activarlo o no, eso también le da un efecto en vivo que se está trabajando mucho, como que empieza a agarrar una corazonada fuerte, y eso es super rico y a la gente le encanta. De repente poner un flanger en la voz, también.

Sí, eso te iba a preguntar, porque me acuerdo hace un par de años, cuando tocaste en la radio Rock & Pop, que ahí ya estabai tendiendo a este set más sola, y que ocupabai el Voicelive para manejar los efectos vocales en vivo, pero ahora no sé si lo seguís ocupando.

—Ahora lo retomé. Lo odié un tiempo, pero ahora lo retomé. Lo ocupo casi puro con los presets que vienen ahí, que son muy ricos; por ejemplo una voz doblada, o una voz muy grave, como que son cinco octavas más abajo, esas cosas en la electrónica quedan muy bien, generan otros estados, que no son todo el rato mi voz. Y uso mucho eso en mi último disco, voces robotizadas.

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—Justo ahora quería preguntarte varias cosas del disco, y me gustaría partir por la voz. [Ahora comienzo a adularla sin pudor]. A mí siempre me ha encantado tu voz, tienes un timbre maravilloso, y creo que hai crecido mucho interpretativamente, en todos los usos de la voz. Pero además en este disco en particular, veo que tratai la voz casi como un instrumento, como si tu voz fuera un sintetizador al que le podís mover las perillas. Tomé algunas notas acerca del trabajo de la voz en este disco, por ejemplo, que es muy percusiva, muy rítmica, los fraseos son muy marcados, y creo que eso acentúa el carácter bailable. En los discos anteriores quizás era más dulce, más etérea.

—Claro, en los otros discos yo jugaba más con la nota larga, y eso le daba un carácter más atmosférico. Y en este disco me fui más, como tú dices, por la voz percusiva, un poco como Michael Jackson, o la música africana, conscientemente me fui más por ese lado, de estar más despierto, en vez de lo más onírico.

—También me gustó mucho que hay partes más gritadas, o donde la voz se quiebra, como al inicio de “Esa fuerza”, donde aparece más forzada, o con mucho volumen, muy aguda.

—Sí, en este disco saqué mi volumen, que es algo que no había explotado en los otros discos para nada. Yo estaba muy obsesionada con que mi voz era suave, y de repente empecé a probar cómo sonaba más fuerte, por qué no. Y entonces dije, ya, probemos, y eso empezó a cambiar todo la rítmica, hasta, incluso, las canciones. Es otra persona.

—Me gusta cachar cómo van evolucionando los discos, porque pueden ser influencias externas, etc., pero acá, por lo que me dices, es como cuando alguien cambia el instrumento y cambia su música.

—Claro, es como si hubiese tomado otro tipo de flauta, la que tenía más volumen, y que hay que tocar con más fuerza. [Momento de emoción para el sindicato nacional de flautistas dulces]. Cuando me metí a clases de canto me empezaron a decir: «pero tienes mucha potencia», y yo estaba obsesionada con que quería cantar como las cantantes brasileñas, y me di cuenta que tenía ese patrón demasiado pegado. Y eso pasa con la vida misma, uno piensa: «yo soy así, yo soy ermitaño y me gusta quedarme en mi casa» [yo soy así, yo soy ermitaño y me gusta quedarme en mi casa, aunque ahí bailo tímidamente las canciones de Javiera Mena], pero también puedo probar lo otro y resulta que no era tan así.

—Se abre el registro, porque igual tenís las otras voces a las que puedes volver siempre.

—Sí, y ahora me siento mucho más cómoda para poder interpretar en vivo, con esta voz me siento más empoderada, me da más herramientas, me permite moverme. Igual a mucha gente le chocó cuando yo saqué “Espada”, como «qué te pasó, te desconozco», porque a la gente también le choca el cambio.

—A veces pueden tener expectativas super fijas, quieren escuchar siempre el mismo disco.

—Sí po, eso pasa, pero yo también soy fan de muchas bandas, y me encanta cuando las bandas cambian.

En “Espada” hay un sonido más robótico, no sé si ocupaste Autotune, pero no para afinar la voz, sino para darle un carácter más metálico.

—Sí, lo del Autotune es algo que ha metido más Heyne, él ha sido más el defensor del Autotune, para perfeccionar todo el sonido, para que la voz quede milimétricamente ajustada en una frecuencia demasiado perfecta, que forma parte de su estilo como productor, es algo que hemos conversado y yo he accedido. Pero en este caso, se trata que se note, que quede medio como Cher, y en “Espada” lo quisimos explotar, porque la canción era tan así, y a mí me fascinó que se note.

Algo que me gustó mucho también es cuando haces samples de tu propia voz en “Otra era” o cuando haces juegos y repeticiones con palabras en “La joya“, casi como trabalenguas. Es como que no es letra, como algo entre letra y música, porque no tiene tanto contenido semántico.

—Sí, eso me gustó mucho explotarlo, y se me dio, y varias personas me han dicho que repito palabras, repito palabras. Al momento de transcribir las palabras para que hicieran el arte del disco, había un montón de palabras que se repetían, y nos preguntábamos si las poníamos repetidas o no, y hubo una discusión, pero al final esas no las dejamos.

Claro, a veces son más como sonidos que letras.

—Sí, yo creo que es una cosa más instrumental de la voz. Entonces yo quería jugar más con eso porque no lo había explotado en mi música, y lo encuentro algo muy de la música electrónica también, en vez de usar un delay repetir la palabra tú. O también yo misma al repetir algunas palabras dije: suena más rico cortar esta voz y pegarla tres veces que repetirla yo; o repetirla, y bajarla una octava. Estoy buscando ocupar al máximo las herramientas que te da el Ableton y cosas así. Si hay tantos elementos, hay que ocuparlos.

Me acordaba de esta canción del Corazones de Los Prisioneros…

—Ah, “Con suavidad“.

Sí, que lo hacen ene y es muy chistoso.

—Sí, eso es muy de los ochenta.

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Aparte de las voces, otra cuestión que me gustó mucho fue la dinámica de algunas canciones, especialmente “Otra era” y “Sincronía, Pegaso“, que es una de mis favoritas. Me gustó cómo a partir de una estructura musical que es básicamente estrofa, coro, más o menos sencilla, con el trabajo de dinámica va creciendo y especialmente en “Sincronía, Pegaso” termina super arriba. Si uno hace el ejercicio de volver al comienzo, no te imaginai que va a terminar así. No sé si vas apurando el beat, pero al menos provoca la impresión de que se fuera apurando.

—Sí, a mí me encantan esas canciones que parten de nada y que empiezan a crecer, como progresivas. Quería hacer siempre una canción así, era mi sueño. El tiempo no se apura, pero parece que se apurara, porque se van sumando elementos rítmicos, pero es esa evolución que me gusta, como una historia, que se van agregando cosas en el camino y al final termina super arriba. Y de hecho la estructura va cambiando también, no vuelve nunca a la misma estructura. Es estrofa, coro, estrofa, coro y después está esa sección final que se repite. Hay una canción de The Supremes que se llama “Let the sunshine in” y fue un gran referente para mí, al igual que la música disco, es como generar un gran trance, y me guié mucho por eso.

También las de Donna Summer con Moroder, por ejemplo.

—También.

Y tiene que ver con los comienzos de la música electrónica, como “Last Dance.

—Sí, es como ese trance, de hecho el final de “Sincronía, Pegaso” es largo, repite, repite, repite.

Me imagino que en vivo podría seguir y seguir…

—Sí po, puedo estar diez minutos ahí, y después la gente que canta, y todo…

Uno siempre escucha los discos según sus propios parámetros, y yo siempre en tu música he visto mucha influencia del disco y del italo disco. He estado escuchando mucho un grupo que se llama Change, no sé si lo conocís…

—Sí, me encanta. [¡Qué emoción, estaba seguro que conocía ese grupo!]

Qué maravilla, pa mí fue el descubrimiento del año pasado.

—Increíble, Change es muy bueno. De hecho pa “No te cuesta nada” me guié mucho por una canción de Change que se llama “Say you love me again“. Y me llama mucho la atención porque ese disco, Change of Heart, parte con esa balada, es muy raro partir con una balada. Me encanta ese grupo.

Tiendo a escuchar eso en tu música, pero ahora también me sonaban mucho ecos de fines de los ’80, no sé, como Martika, y quería preguntarte por esos referentes, cómo andan dando vueltas en el disco, por el uso de ciertos sintetizadores que estai ocupando también. O de repente tenías otros referentes…

—Bueno, siempre me gusta crear mi propio sonido, es mi obsesión. Creo que me empapé también de cosas que no eran tan mías; obviamente siempre están Martika, Prince, Michael Jackson, pero también me empapé más de cosas de Japón, pop bien rápido, como 140 bpm. Siempre me ha gustado el pop japonés, y ahora empecé a escuchar un grupo que se llama Perfume. En el disco hay una canción que es a 136 bpm, “Que me tome la noche“.

Claro, en Mena me acuerdo que eran más lentas, como 110.

—La más rápida era “El amanecer”, que era 127. Y ahora “Espada” o “Esa fuerza”, son más rápidas, es como más pila. Pero también me dejé llevar por mis influencias de la música trance, yo igual estuve metida en ese rollo, cuando era muy chica iba a las rave, me encanta el trance progresivo, me fascina. Y en cuanto a sintetizadores, uso mucho un sinte que se llama Nexus y también el Virus, que son sintes virtuales, directamente de música muy actual y muy trance.

A propósito de sintes, he visto en tu instagram que estai ocupando sintes análogos.

—Estoy ocupando el Moog Voyager, aunque no lo saco mucho, es más pa estudio, porque es muy pesado, es delicado. Pero a mí me gusta tocar en vivo con un sintetizador que es barato y bueno que se llama Ultranova, de Novation. Pa mí es el regalón, el favorito. Me encanta trabajar los arpegios ahí, es muy rápido, tiene un vocoder, que no he ocupado mucho pero lo quiero usar. Y me gustan los sintes livianos y que aperran, como que se caen y no pasa nada. Yo creo que hay que destinar pa en vivo cosas livianas, pa poder moverte, y circunstancialmente se fue dando mi set predilecto que es un Waldorf, un sinte chiquitito, el Novation y mis controladores midi que son el Launchpad y ahora el Ipad, con touchAble,

¿Y para el disco ocupaste algo más?

—Sí, ocupamos uno del Heyne, el Juno, que tiene unas camas muy nobles, y también ocupamos el Nord Lead.

¿Y hay algunos instrumentos tocados en vivo?

—Hay pianos, en “Sincronía, Pegaso” y “Otra era”, un piano de verdad que grabamos en el estudio de Pancho Straub, el estudio Classic Sound, y hay unas guitarras que tocó Chiqui, que fue el asistente de producción, en “Pide“. El resto fueron los sintes, principalmente el Nexus y el Novation. El Moog pa los bajos y pa los leads fue super importante, y también algunos bajos del Virus. Y también en el estudio de Pancho Straub igual ocupamos cosas adicionales, como algunos bombos de una réplica de la 909 que él tenía allá.

¿Y cómo fue el paso de la preproducción, la grabación y la mezcla?

—Primero le di yo una dirección a todo sola, en el Ableton Live, para las maquetas, la programación, los loops, los bpm, más o menos para dónde iba a ir. Todo esto pasó al estudio, y ahí fue más reemplazar sonidos, para que todo esto suene más grande. Igual muchos sonidos quedaron tal cual como yo los armé en la maqueta, porque en la música electrónica la composición y la producción van de la mano. Después vino el reemplazo de bombos, hacer que los bombos sonaran más rico, los bajos reemplazarlos, después reestructurar muchas cosas. Y en el mismo estudio con Heyne también estoy yo misma participando ahí, con otro sonido, con otro lugar, que no era mi computador. Después lo llevamos todo al estudio de Pancho Straub, y ahí pasamos por cinta muchas cosas. De ahí elegir los micrófonos, grabar las voces, grabar los pianos. Fue un proceso muy muy lento. Y después vino la mezcla de todo esto, mandarla a Estados Unidos, para que Javier Garza empezara a mezclar, y comunicarnos con él a distancia, todo eso fue dos meses más.

Igual yo siento una gran diferencia al final en la mezcla comparado con los discos anteriores. Cuando lo escuché completo por primera vez, fue como cuando al comienzo de una película hay un plano abierto y los personajes se ven chicos, la sensación fue de mucha amplitud.

—Sí, porque es un disco que tiene muchos más elementos pa trabajar, fue más profesional, lo grabamos en este estudio, lo pasamos por cinta, por la consola que tiene Pancho, después lo mezcló Javier Garza, que es una persona que está todo el día mezclando, que tiene una técnica superior. Todo eso hizo que el disco creciera mucho más.

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Esta idea de amplitud creo que tiene que ver con el concepto del disco, del que tú has hablado bastante en entrevistas, la idea del héroe, de la aventura. ¿Qué relación ves entre ese sonido del disco y estas historias que cuentan las canciones, o las imágenes de los videos?

—Esa era la idea, darle coherencia a todo. La gente escucha los sonidos, pero está 100% atenta a las letras. Al final retomando, y viendo las canciones después, me doy cuenta de que hay muchos escenarios de aventuras como épicas, un duelo de espadas, o en la primera canción [“Los olores de tu alma“], que yo directamente pensaba en un guerrero que llega a robarse algo, como una conquista. De hecho en algún momento, con un amigo que estábamos viendo nombres, pensamos ponerle al disco “Conquista”, porque era una imagen muy de alguien que viene a caballo, vengo a buscar lo mío. Varias letras tienen un poco de eso, como “Otra era”, que incluso te trae al Imperio Romano, la Edad Media, y también hay otras canciones más mundanas, del presente, como “Que me tome la noche”, que es directamente una fiesta.

No sé si leíste una columna de Jimena Castro, en Witty, que a propósito de los dos primeros singles dijo que allí había una estética medieval.

—Ah, sí, la leí, me encantó. [¡Bien, Jime!]

—Es amiga mía.

—Ah, no sabía quién era, y estaba buenísimo.

—Ella es especialista en monjas.

—Me encantan las monjas.

—Y justo salió después “Otra era”, donde mencionabas la Edad Media, y ella decía: «¡le achunté!».

—Sí, a mí me gusta mucho jugar con los viajes en el tiempo. Y de hecho a mí también me gusta vivir una vida que no está 100% en este tiempo. Ligo mucho el romanticismo a viajar en el tiempo, y de eso habla la canción “Otra era”, porque cuando estai enamorado de algo sentís que no estai ahora, te sentís en una época antigua, hasta en los egipcios, o como una sensación de estar un poco drogado también.

Me estaba acordando de cuando te entrevisté hace 4 años, y estabai recién lanzado Mena, y se veía que tu carrera iba creciendo, pero ahora yo creo que tú misma debes estar impresionada de todo lo que ha pasado en este tiempo, a nivel de viajes, de conciertos, de prensa. Esa vez también me dijiste algo que me gustó mucho, de que te veías como un obrero de la música, que querías poder seguir subiéndote a la micro.

—Bueno, odio el Transantiago, lo odio mucho… me da mucha pena la gente que lo tiene que tomar todos los días. Pero sí, esto es un trabajo, el día a día es super artesanal. Y la imagen que más le gusta a la gente, y más divertida también, más que verte en una foto ultra maquillada, es trabajando en la casa o con tus amigos, porque le gusta sentirse identificado con tu música y sentirse identificado en ti, y a mí también me gusta ver así a la gente que yo sigo, viendo que somos todos trabajadores.

Tú enfatizai siempre eso, que esto no es un hobby, que aquí hay mucha pega; estai muy lejos del modelo de la estrella del rock o del pop, que está todo el día en un sauna…

—Eso es otro tipo de músico, quizás más de intérprete, que juega más con la imagen; yo también lo hago pero a mí me gusta transmitir la parte más creativa, viene más por ahí mi acercamiento a la gente. Igual hoy, en los mismos adolescentes, hay estrellas de instagram, que hacen tutoriales, y son muy conocidos ellos. Entonces ahí está el punto, porque hoy todo es fama, esto también es fama, hay seguidores, y depende pa dónde lo tirai y qué querís comunicar.

Y por último, ¿que se viene para el lanzamiento del disco, qué sorpresas nos puedes adelantar?

—Para mí la sorpresa más grande sería tocar “Sincronía, Pegaso” en vivo, que es un desafío, y dar un espectáculo visual. Estoy buscando un diseño de luces especial pa mí, y transmitir eso: baile, y un punch fuerte, y una comunión con las personas. Como lo que se busca en todos los shows, pero perfeccionarlo, y encontrar esa cosa viva que te da el Ableton Live, y que te da la programación, que es lo que yo estoy buscando y creo que lo estoy empezando a lograr.

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Al final de la entrevista, le pido a Uxía que nos fotografíe con la flauta dulce que me autografió para el cumpleaños pasado. Bromeamos con que «Me encantan las monjas» podría haber sido el titular de esta entrevista, para que cause el mismo impacto de la portada de revista Cosas. Javiera ha sido muy simpática y generosa.

Salimos del restaurant y caminamos unas cuadras. Voy pensando en todo lo que me gustan sus nuevas canciones: me encantaría poder escribir un ensayo sobre cada una de ellas. También pienso en las preguntas que no le hice. La ansiedad y la alegría se mezclan ahora con una rara melancolía. Quizás sea una señal de madurez, pero no lo creo.

Al despedirnos no me resisto a hacerle una confesión íntima. Le cuento que he escuchado sus discos en momentos muy importantes de mi vida. Cuando defendí mi tesis de doctorado, salí a caminar para despejarme, y escuché Esquemas juveniles. Cuando ordenaba mi oficina, justo antes de dejar mi trabajo anterior, escuché Mena. Y el día que cumplí cuarenta y me convertí en un adulto mayor, su último disco fue el primero que escuché. «Qué bacán», me responde muy contenta, «¡otra era!».

Javiera Mena: La conquista de la voz

Sobre el autor:

Felipe Cussen (@felipecussen) es investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la USACH y co-autor de Mil versos chilenos y Opinología, entre otras publicaciones.

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