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La masacre de Virginia Tech

por · Junio de 2016

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La mañana del 16 de abril de 2007, un estudiante coreano puso en marcha su macabro plan en la universidad de Virginia Tech. Con una frialdad impresionante matará, primero, a dos de sus compañeros de la residencia vecina, para después disparar y fulminar a 30 personas más.

Lo siguiente es un extracto de la investigación La masacre de Virginia Tech, anatomía de una mente torturada (Ediciones El Andén), del periodista español Juan Gómez-Jurado.

04:59 Harper Hall, dormitorio 2121

La noche cubre el campus de Virginia Tech, y un viento desapacible estremece las ventanas de Harper Hall, una de las residencias de estudiantes de la zona sur. Entre sus muros residen 249 alumnos, en dormitorios de cuatro a seis ocupantes con baño compartido. Cada uno de los dormitorios se divide en tres cuartos, con dos camas y dos escritorios. Es un edificio austero, nombrado orgullosamente con el nombre de Laura Jane Harper, la primera mujer que ejerció el puesto de decana en la VT, allá por 1960.

A pesar de que Harper Hall es una residencia moderna (data de 1999) los aislantes de los cristales del dormitorio 2121 dejan mucho que desear, y por eso el aullido del viento y las ganas de orinar despiertan a Joe Aust, el compañero de cuarto de Cho Seng-Hui.

Mientras camina hacia el baño ve entre la bruma del sueño que Seung —el nombre con el que los cinco ocupantes del dormitorio 2121 conocen al sexto en discordia, el silencioso Cho— está sentado frente a la pantalla del ordenador. Joe recordará más tarde que no oyó ruido de teclas. Quizás Cho estuviese navegando por Internet —entre los favoritos de su computador se han encontrado varias páginas con mapas detallados de la Universidad— o repasando lo que tenía previsto hacer aquel día. Si era esto último, lo desconocemos, pues varios archivos clave de su computadora han desaparecido.

Pero Joe no presta mayor atención a Cho. En los últimos tiempos ha estado actuando de manera aún más extraña de lo habitual, despertándose cada día antes. En ese momento, Joe solo puede pensar en que tiene sueño y frío. Vuelve de orinar y se arropa con las mantas. Ajeno a que acabará el día esposado e interrogado por la policía, Joe se queda dormido en el acto.

05:25 Harper Hall, dormitorio 2121

Menos de media hora después, Karan Grewal, un joven de 21 años de origen indio, abre la puerta de su cuarto y se dirige al cuarto de baño. Está realmente cansado: lleva toda la noche del domingo al lunes despierto, intentando acabar trabajos atrasados.

Karan usa el baño y regresa a su habitación. En ese momento se cruza con Cho.

En el estrecho pasillo pintado de blanco que conecta entre sí los tres cuartos del dormitorio 2121 apenas hay sitio para una persona, pero aun así, Cho se las arregla para esquivarle sin ni siquiera rozarle ni cruzar la vista con él. El joven coreano va vestido con una camiseta de color claro y unos calzoncillos tipo bóxer. Karan le dirige un poco entusiasta «mornin», que obtiene la respuesta esperada, es decir, ninguna.

Karan vuelve a los cinco minutos a buscar un poco de agua antes de dormir y ve a Cho lavándose los dientes con esmero, poniéndose las lentillas y aplicándose crema antiacné. Este detalle le robará el sueño durante muchas noches: ¿Para qué demonios se daría crema si tenía pensado volarse la jodida cabeza?, confesará más tarde a sus amigos.

Karan llena un vaso de agua, vuelve a su habitación y se mete en la cama. Dormirá como un tronco hasta que, hacia el mediodía, le despierte el ruido de las sirenas de la policía.

05:38 Harper Hall, dormitorio 2121

Joe levanta la cabeza de la almohada, medio dormido. Cho ha vuelto a la habitación y se está cambiando. suele ser una persona tan discreta y silenciosa como un fantasma, pero ahora cierra la puerta de su armario de golpe y se viste con la luz del techo encendida —no le gusta apagar la luz—. Se está poniendo un gorro negro de lana sobre su cabeza rapada. Joe le ignora, se tapa la cara con la almohada y se gira hacia la pared.

A él también habrá algo que le quitará el sueño muchas noches. Que, en aquel momento, había un asesino de pie, a su lado, con dos pistolas cargadas y dispuesto a matar. Dos pensamientos terribles se derivarán de este hecho. El primero, qué habría ocurrido si le hubiera gritado a Cho que apagase la luz y le dejara dormir. ¿Se habría revuelto éste y le hubiera convertido en la primera víctima? El segundo, si hubiese despertado unos minutos antes y hubiese visto cómo Cho guardaba las armas en su mochila ¿habría salvado las vidas de 32 personas?

Joe cierra los ojos y antes de quedarse dormido otra vez oye a Cho cerrar la puerta de la habitación.

06:53 Exterior del West Ambler Johnston Hall

Cho está fuera, apoyado en la pared, encogido para evitar el frío viento. Hace seis minutos que ha salido el sol. Está esperando. Hay al menos seis testigos diferentes que le ven allí y luego se lo confirman a la Policía. Uno de ellos emplea el verbo apostado.

Por tanto, Cho espera. A alguien.

07:02 Exterior del West Ambler Johnston Hall

El coche de Karl Thornbill frena junto a la puerta. Emily Hilscher le da un beso apresurado y pone una mano en el tirador de la puerta. Ha pasado el fin de semana junto a Karl en la casa de campo que los padres de éste tienen a unos kilómetros de la universidad. Han sido dos días geniales, con esa clase de felicidad despreocupada que solo se obtiene a los dieciocho. Emily estudia ciencias avícolas y equinas, un paso más en el sueño de su vida: convertirse en veterinaria de caballos. Un sueño que comenzó en Woodville (Virginia), su pueblo natal, donde cada verano pasa más tiempo sobre el lomo de estos animales que sobre sus propios pies. En VT se ha apuntado al club ecuestre y esa actividad la llena de alegría. Es algo que no afecta a sus notas, es una chica de sobresalientes. De hecho, esa misma tarde tiene programada una sesión de equitación a las 15:30.

Emily duda un instante antes de bajar del coche. Se resiste a dar por acabado el fin de semana.

—¿Quieres tomar un café? —dice Karl.

—No puedo, he quedado con Heather [Haugh, su compañera de cuarto]. Hablamos.

Otro beso rápido y se baja del coche. Karl arranca y se despide de ella con la mano. Emily camina hacia la entrada.

Hay alguien más que la ha visto llegar. Cho abandona la espera y la sigue al interior del edificio.

07:02 West Ambler Johnston Hall, dormitorio 4038

Molly Donohue se agita nerviosa en la cama. Medio en sueños ha oído un grito. Había programado la alarma del despertador para las 6:50, pero la pereza del lunes le invade, y decide darse unos minutos.

El grito, sin embargo, la despereza del todo, así que se levanta y se pone unos vaqueros y unas zapatillas. Aún de pie en el centro de la habitación, oye un nuevo grito. Es una voz femenina, rebosante de puro terror. Entonces escucha dos golpes secos, como dos maderas chocando. Otro grito y otros dos golpes secos.

Molly comienza a buscar explicaciones para lo que acaba de oír. Mejor dicho, su mente trabaja por ella para protegerla.

Alguien se ha caído de la litera, piensa. Seguro que esos ruidos eran los tableros de la cama derrumbándose.

Como el ruido ha sonado en la habitación de al lado, Molly piensa instantáneamente en Heather y Emily. Con esa idea en la cabeza sale al pasillo para ver si sus vecinas necesitan ayuda. Apenas pone un pie fuera de su cuarto algo llama su atención. En el suelo del desierto corredor hay una hilera de huellas de color rojo oscuro que se aleja de la habitación 4040. A partir de ese momento Molly no puede pensar con claridad. Se acerca hasta la puerta, llama y pregunta si todo está bien.

Silencio.

Molly prueba el pomo de la puerta. Gira. Empuja, pero apenas consigue abrirla un palmo. Algo la bloquea. La joven empuja una y otra vez, pero el obstáculo sigue ahí. No es un mueble, pues al golpearlo con la puerta emite un ruido sordo. Parece una maleta llena de ropa. Prueba varias veces, pero el hueco en el marco de la puerta no es más grande que antes. Así que intenta introducir la cabeza.

—¿Estáis ahí? ¿Va todo bien?

Dentro solo hay oscuridad y silencio.

Molly cada vez está más asustada, así que corre hasta la habitación de Ryan Clark, la 4042.

Ryan siempre sabe qué hacer.

El joven Ryan es un chico muy popular. Sus 22 años y su sentido de la responsabilidad le han llevado a aceptar el cargo de Resident Assistant. Como es alto y fuerte, los demás le apodan Stack Clark, «columna». Un mote que le encanta a su hermano gemelo, Brian, que en lugar de dedicarse a tocar el saxofón en la banda de VT y estudiar Biología optó por el cuerpo de marines, tal vez imbuido de las ganas de ayudar que comparten ambos gemelos. No es de extrañar que en quien primero piense Molly sea en el simpático muchacho.

Lo que Molly no sabe es que es el cuerpo de Ryan lo que obstruye la puerta de la 4040.

Molly no encuentra a Ryan en su habitación, así que toma una decisión extraña y muy difícil de asimilar. Vuelve a su cuarto, coge los apuntes de Química —una asignatura que compartía con Emily Hilscher aunque en diferente horario— y baja a reunirse con su novio en la cafetería para el desayuno. Por el camino se encuentra con muchas chicas envueltas en sus toallas, camino de las duchas, ajenas a lo que ha pasado a pocos metros.

Molly Donohue está bajo los efectos de un fuerte shock y su mente se niega a reconocer lo que ha escuchado. Por desgracia, su valioso testimonio no será tenido en cuenta hasta dentro de una hora y media, lo que dificultará aún más la búsqueda de Cho y pondrá a la policía sobre una pista falsa.

07:16 West Ambler Johnston Hall, dormitorio 4040

Por increíble que parezca, la ordalía de Molly ha sucedido en menos de siete minutos. Sobre las 7:14, varios estudiantes se percatan de las manchas de sangre sobre el suelo, pero tienen miedo de acercarse. A las 7:15, Laura Jackson —una RA como Clark— y otro alumno consiguen empujar lo suficiente la puerta para entrar en la habitación.

Al encender la luz, Laura contiene un grito de espanto. Ambos reconocen a Ryan Clark en el acto. Laura, haciendo un gran esfuerzo de voluntad, toma el pulso a ambos. El joven ya no está, pero Emily aún vive. La RA, que no lleva consigo su móvil, tiene la suficiente presencia de ánimo para no tocar nada en el escenario del crimen. Sale de la habitación y llama a la puerta de la 4038, la habitación de Molly, quien en ese momento va camino de la cafetería. Como la puerta está abierta, Laura usa el teléfono de Molly para llamar a la policía del campus.

07:19 Exterior del Harper Hall

Cho regresa, caminando despacio, a su dormitorio. Sopla un viento frío y cae un ligero aguanieve. La suela de sus zapatillas deportivas ya no deja un rastro de sangre.

07:20 Cafetería del Ambler Johnston Hall

Molly llega a la cafetería, besa a su novio y comienza a temblar.

—¿Qué ocurre? —pregunta él.

Ella no responde durante un rato. Está demasiado bloqueada. Finalmente, tras una mezcla de cariño y de persuasión, comienza a hablar.

—Hay un problema en mi dormitorio. Creo que alguien ha resultado muy malherido.

Su novio, que al igual que ella es miembro de Cruzada por Cristo en el Campus, un grupo religioso cristiano, reza con ella durante unos minutos y se ofrece a volver con ella a la 4038 para que Molly pueda recoger las gafas de laboratorio para su clase de Química a las 8 AM. Suben las escaleras y se encuentran con el precinto de la policía en el pasillo. Dos agentes les ordenan marcharse, sin preguntarles siquiera quiénes son. Molly siente que no puede hacer nada, así que ambos cruzan todo el campus en dirección al laboratorio. Molly se aleja, inadvertida de la importancia de la información que posee.

07:26 West Ambler Johnston Hall, dormitorio 4040

La ambulancia tarda cuatro minutos en llegar, demasiado tarde para ayudar a Emily. Los primeros agentes de policía se demorarán otros cuatro minutos más, y lo primero que hacen es acordonar la zona y apartar a los curiosos —entre ellos Molly Donohue—. Los detectives del departamento de policía de VT y de la policía de Blacksburg llegan al escenario del crimen a las 07:31. La policía del estado de Virginia no recibe ningún aviso hasta dos horas después, cuando el tiroteo de Norris Hall ya está en marcha.

07:28 Harper Hall, dormitorio 2121

Cho regresa a su habitación. Joe Aust no está, hace media hora que ha salido a desayunar. El joven coreano graba un video en QuickTime usando una cámara digital. Después vuelca a un DVD un total de 27 archivos de video y 43 fotografías. Lo introduce en una caja de plástico, junto a 23 páginas impresas con su manifiesto de 1.800 palabras, del que el DVD contiene una copia en PDF modificada por última vez 11 minutos después de la muerte de Ryan y Emily. Antes de levantarse de su escritorio deja una nota de ocho páginas con una lista de quejas contra los «niños ricos» del campus; la «depravación» y los profesores, esos «charlatanes engañosos»; las mujeres, «sucias pelanduscas».

Cho se marcha. Detrás de él queda la nota —de suicidio— y una aún más reveladora. Tres líneas de la letra de su canción favorita: “Shine”, de Collective Soul, un tema que escuchaba obsesivamente, a veces decenas de veces al día.

Teach me how to speak / Enséñame cómo hablar
Teach me how to share / Enséñame cómo compartir
Teach me where to go / Enséñame dónde ir

Una llamada de atención hacia su incomunicación, su incapacidad empática y su desorientación. Una desesperada petición de auxilio.

07:36 Exterior del West Ambler Johnston Hall

Heather Haugh llega desde el parking 22 andando tranquilamente con el teléfono móvil en la oreja. Está llamando a Emily repetidamente desde hace varios minutos, pero la única respuesta que obtiene es la del buzón de voz. Algo que no es habitual.

En los siete meses que hace que se conocen, Heather y Emily se han hecho muy amigas. Para las dos fue muy duro el paso del instituto a la universidad, y más en una tan prestigiosa como la Virginia Tech, pero juntas el trago fue mucho más fácil. La administración de la VT, que hace test de personalidad previos a todos sus alumnos para averiguar sus compatibilidades, las había emparejado aun teniendo pocas cosas en común. Emily es de Virginia y cursa estudios relacionados con animales. Heather viene de New Jersey y quiere ser nutricionista. Sus personalidades diferentes, sin embargo, se complementan a la perfección y las dos se quieren mucho.

La primera noche que pasan juntas, intentando aprender cosas la una de la otra, Emily le enseña a Heather un tatuaje con una pequeña hada y, desde entonces, Heather la llama en privado pixie. Así tiene grabado el número de Emily en el móvil, y le extraña mucho que no conteste, sobre todo porque a las 9 tienen juntas clase de Química, una de las pocas que comparten.

Al llegar a la entrada de la residencia, Heather comienza a alarmarse al ver varios coches de policía y se acerca a uno de los agentes.

—¿Qué ha sucedido?

—Hay un problema en el cuarto piso.

—Oh, no. Ahí es donde vivo, oficial. Espero que todo el mundo esté bien.

—¿Podría decirme en qué habitación, señorita…?

—Heather Haugh. Habitación 4040.

El agente, al oír esto, reclama la presencia de los detectives por la radio. Heather pregunta por su amiga Emily, pero el agente no sabe nada.

Cuando llegan, los dos detectives se llevan a Heather a un pequeño despacho en la planta baja del edificio. Le preguntan por Emily, si tiene novio, cómo es, cómo se llama.

—¿Qué le ha pasado a Emily? ¿Está bien?

—Ha tenido un accidente. No sabemos si se recuperará —miente uno de los detectives.

Heather responde a sus preguntas. Les explica cómo las dos pasan fuera los fines de semana. Sí, Emily tiene novio. Se llama Karl Thornhill y suele estar con él los sábados y domingos. Los lunes, Emily y ella se encuentran en la habitación para desayunar y contarse sus cosas. Luego van juntas a la clase de Química de las 9. No, Emily y Karl no habían discutido recientemente. Claro que se quieren. Su mitad de la habitación está completamente empapelada de fotos de Karl. ¿Las armas? A Karl le gustan mucho, tiene varias pistolas.

Eso basta a los detectives para componer una teoría. El 95% de los asesinatos los cometen personas conocidas de la víctima. Y el primer sospechoso siempre es la pareja sentimental. El hecho de encontrar a un chico —Ryan— en la habitación de Emily, combinado con la afición por las armas de Karl lanza a los policías tras su pista.

08:00 Campus de Virginia Tech

Las clases dan comienzo, y 26 mil alumnos acuden a las aulas con normalidad. Otros 7 mil empleados ocupan sus puestos. El viento arrecia.

08:25 Cercanías de la casa de campo de la familia Thornhill

Karl vuelve a la casa de campo tras hacer unas compras. Tiene previsto recoger algo de ropa y volver a Radford, una universidad algo más lejana, a la que acude solo durante este año. El año próximo se traslada a Virginia Tech para estar más cerca de Emily. Cuando está llegando a la casa, las luces destellantes en su retrovisor le obligan a parar. Cuatro policías se acercan a su coche, le obligan a bajar, le esposan, le leen sus derechos. Karl no entiende nada, solo que está muy asustado. Los agentes se lo llevan a la comisaría para interrogarle.

08:27 Burrus Hall

La junta directiva de Virginia Tech se reúne para decidir el tiempo y forma en el que hay que comunicar el doble asesinato de los alumnos. Por unanimidad deciden que las clases deben continuar, a pesar de que la más elemental prudencia aconseja suspenderlas hasta tener más información de lo ocurrido. Wendell Flinchum, jefe de policía del campus, habla con Charles Steger, presidente de la universidad.

—Tranquilo, señor Steger —le repite—-. Tenemos todo bajo control. Esto no es más que un incidente aislado.

09:01 Oficina de correos de Blacksburg

La oficina de correos es un edificio pequeño, de ladrillo rojo, de aspecto deslucido y con poca luz. Cho recoge un sobre de Express Mail en la ventanilla 1, coloca dentro el material que le ha llevado seis días preparar y escribe la dirección. Después espera en la cola de la ventanilla 3. Cuando llega su turno, la empleada le sonríe. Él le alarga el sobre.

—Son catorce con cuarenta.

El joven le da el dinero y se marcha sin esperar el recibo. La empleada se fija en el código postal y ve que está incorrecto. Cho ha escrito seis números, y los códigos postales en Estados Unidos, tienen solo cinco. Así que tacha el último número de los dígitos y echa el sobre a la saca de correos. Por culpa de una dirección incorrecta, ese sobre tardará 24 horas más en llegar de lo que Cho tiene previsto.

09:03 Norris Hall, clase 211 (Francés intermedio)

Jocelyn Couture Nowak entra en su clase sin prisas. Hay algo en sus ademanes tranquilos y relajados que denotan su ascendencia canadiense. Pero cualquier observador ocasional se llevaría una impresión equivocada de esta mujer de 49 años y perennes vaqueros acampados. Debajo de su rostro de franca sonrisa y apariencia calmada bullen las inquietudes de una mujer que ha trabajado muy duro toda su vida por sus principios. Por eso cuando se casó con Jerzy Nowak se negó a cambiar su apellido canadiense por el de él. Se siente tan orgullosa de su herencia francófona que ha dedicado a ella toda su carrera, convirtiéndose en profesora de francés en el departamento de Literatura e Idiomas Extranjeros de la VT.

Al llegar a su escritorio da treinta segundos a los chicos para que se callen y le presten atención antes de iniciar la clase. Mientras se gira para escribir en la pizarra, se abre la puerta y entran un chico alto y moreno y una chica delgada y sonriente. Jocelyn frunce un poco el ceño.

—Hola Colin. Hola, Kristina.

Colin Goddard esboza una sonrisa de disculpa. Ha pasado a recoger a Kristina Heeger, una chica con la que ha hecho buenas migas desde principio de curso y que tiene problemas con el coche. Colin es hijo de dos trabajadores de una ONG. Nación en Kenya, creció en Somalia, Bangladesh e Indonesia y fue al Instituto en Egipto. Con ese bagaje no es extraño que sus intereses sean las Relaciones Internacionales, o que se lleve tan bien con Kristina, que nació en Ucrania y que, como él, ha vivido mucho tiempo lejos de EE.UU.

Jocelyn sigue frunciendo el ceño mientras Colin y Kristina van a sentarse al fondo de la clase. No le gusta que los chicos lleguen tarde, pero, por esta vez, no les dirá nada. Al fin y al cabo, es lunes.

Y a veces los lunes pueden ser muy duros.

09:07 Drillfield, cerca de Norris Hall

Cho camina a buen paso, pero parece relajado. Ha venido andando desde la oficina de correos, que está a unos diez minutos atravesando Drillfield, el gran campo de césped en el corazón del campus. Se cruza con una compañera de clase, que le saluda con un escueto «Hola». Cho no establece contacto visual. Tiene la vista fija en Norris Hall.

Situado al lado de Burrus Hall, que alberga la administración principal de la universidad, Norris Hall en sí mismo representa a la Virginia Tech. Está compuesto por tres alturas y un sótano, y alberga oficinas del Decano de Ingeniería y del departamento de Ciencias de Ingeniería, así como laboratorios, clases de las carreras técnicas y del departamento de Lenguas Extranjeras. Pero no es su propósito lo que representa a la VT, sino su exterior. Además, los atractivos evidentes de sus bellas molduras o el pasaje que lo atraviesa, la piedra que lo recubre, tiene una historia especial. Es piedra hokie, un tipo muy especial de caliza con restos de dolomita y tonos negros, grises, naranjas y marrón rojizo. Los colores de la VT.

A ese ritmo, Cho llegará en un par de minutos a su objetivo.

09:12 Norris Hall, entrada principal

Kevin Dobson y Alex Katz bajan la escalera norte del Norris Hall. Hablan sobre la próxima clase, a la ya llegan tarde. Kevin se acerca a la puerta de salida. Hay un chico asiático, más bien alto, con la mano en el tirador.

—¿Perdona, nos dejas pasar?

El chico asiático le mira muy serio y se hace a un lado. Kevin se aleja charlando. Horas después, cuando recuerde este momento, gotas de sudor frío caerán de su rostro.

Tan pronto se marchan, Cho extrae una gruesa cadena de su mochila negra. Rodea ambos tiradores de la puerta doble con la cadena y coloca un enorme candado. La cadena queda bien prieta. Haría falta una cizalla de buen tamaño para abrirla, y aun así llevaría un rato. Las puertas son de madera, no de cristal, así que haría falta un hacha para atravesarlas.

El joven coreano cruza el corredor hacia otra de las tres entradas.

09:13 Vestíbulo del Norris Hall

Pam Tickle, conserje, se emplea a fondo con la mopa. Los lunes siempre hay más trabajo, y el vestíbulo de Norris Hall no es una excepción. Un chico pasa a su lado y Pam levanta brevemente la cabeza para saludar, pero el chico no devuelve el saludo. Es un joven asiático, con pantalones marrón claro y una gorra color rojo oscuro. Se dirige rápidamente hacia la salida, al lado de la puerta que conduce a la escalera.

Vaya, parece que tiene prisa, piensa Pam.

Pam se entretiene en pensar a dónde irá el joven. Es uno de sus pasatiempos favoritos. Pasar la mopa sin pensar en nada es imposible, así que procura hacer juegos deductivos con las personas que pasan a su lado.

Seguro va a entregar un papel al decanato.

Pam sigue dándole a la mopa. Dobla una esquina, y tras una fuente de agua encuentra una mochila negra.

Pam mira alrededor. Esa mochila parece perdida. Un chico sale de una de las clases, secándose las manos en los fondillos de los pantalones y Pam le llama para ver si se ha olvidado la mochila, pero el chico no le escucha y se mete corriendo en una de las clases.

Bueno, ya aparecerá el dueño, piensa meneando la cabeza.

Recorre otros quince metros antes de encontrarse de nuevo con el chico asiático, que viene de vuelta. Pam intenta saludarle de nuevo, pero el chico no responde. Solo mira hacia delante, muy concentrado. Cuando pasa justo a su lado, Pam nota una cosa muy curiosa.

Tintinea al caminar. Debe de llevar mucho metal encima.

Pero algo llama su atención cerca de la entrada, y deja la mopa…

09:21 Entrada sur de Norris Hall

Daniel Stumpf acaba de salir de un examen de evaluación. Tiene hambre porque no le ha dado tiempo a desayunar antes de la prueba, así que pretende ir a la cafetería Deets a resarcirse. Cuando quiere cruzar la puerta, se la encuentra cerrada con la cadena. Otro chico que viene detrás de él se sorprende. Juntos van a la entrada principal. También está cerrada.

Daniel, cada vez más enfadado, empuja la puerta armando mucho ruido.

Pasillo abajo, Pam Tickle deja a un lado la mopa y se acerca a Daniel.

—¿A qué viene tanto alboroto, chico?

Daniel señala la cadena bloqueando la puerta.

—La de la parte sur está igual. ¿Qué está pasando?

Pam se queda mirando la cadena boquiabierta. Nunca ha visto nada igual. Nadie cierra las puertas con cadenas en Norris Hall.

—No tengo ni la menor idea. Pero voy a llamar a mi jefe.

—Deberíamos comprobar la entrada norte.

—No se molesten.

Quien así ha hablado es Janis Terpenny, una profesora asociada de ingeniería que acaba de llegar pasillo arriba.

—Aquella también está cerrada. Y es curioso… había una nota pegada en la puerta de la escalera. Arrancada de un bloc de notas y escrita a mano, con una caligrafía horrible.

—¿Qué decía?

—«ABRAN LAS PUERTAS Y UNA BOMBA EXPLOTARÁ». Creo que es una broma estúpida y de muy mal gusto.

Los cuatro se quedan pensativos un momento.

—Si es que es una broma.

—Me voy al despacho del decano. Tengan cuidado —dice Janis.

—Menuda chorrada —dice Daniel, mientras la profesora se aleja.

—No sé, tío —le dice el otro estudiante—. Recuerda que en lo que llevamos de año ya ha habido dos amenazas de bomba.

—Tú lo has dicho, amenazas.

—Me pregunto cómo acabará esto —dice Pam Tickler pensativa.

La conserje se hubiera sorprendido mucho si hubiera sabido que acabaría la noche hablando para la revista People, su favorita. Otros no tendrán tanta suerte.

09:23 Norris Hall, clase 207 (Alemán básico)

Erin Sheehan está aburrida. Aunque el alemán se le da bien, un lunes a las nueve de la mañana significa un gran bajón respecto a las revoluciones del fin de semana. Pensó en quedarse en la cama, pero el profesor de alemán es Jamie, y es duro faltarle a una clase. Luego te mira con ojos de cordero degollado.

A Erin, Jamie le cae totalmente bien. No solo por ser un profesor joven —tiene 36— sino porque es un tío realmente enrollado. Hay profesores jóvenes que van de amigos y no lo son. Jamie les ayuda, no tiene problema en ir a tomar una cerveza para practicar. Incluso su mujer, Steffi, que es bilingüe en alemán y también trabaja en VT, también echa una mano de vez en cuando.

Jamie no es un profesor corriente —con su cola de caballo y su cazadora de cuero— y Erin no es una alumna corriente. Comenzando por su aspecto poco convencional, sus piercings y su cabeza rapada. Erin transmite seguridad, en clase y fuera de ella, por eso dedica tiempo los fines de semana a su carrera como modelo.

De repente, algo saca a Erin de su aburrimiento. La puerta de la clase se abre, y un chico asiático se asoma. Jamie se interrumpe un momento y le mira. El chico se demora unos cuantos segundos en la entrada y luego se vuelve a ir.

—Parece perdido —bromea el profesor.

A Erin le resulta curioso que a esas alturas del semestre alguien ande perdido. Le parece más bien que el chico está buscando a alguien.

09:27 Buzones de e-mail de toda la universidad

A todo el personal docente, administrativo y alumnado de la Virginia Tech. Un incidente con disparos ha ocurrido en West Ambler Johnston esta mañana temprano. La policía está en el escenario y está investigando. Urgimos a la comunidad universitaria a ser cautelosa y le pedimos que contacte con la policía de Virginia Tech si observa algo sospechoso o tiene información del caso.

09:29 Norris Hall, clase 207 (Alemán básico)

La puerta de la clase vuelve a abrirse, y Erin vuelve a ver al mismo chico, que vuelve a mirar fijamente y con todo descaro a su alrededor. En ese momento Jamie deja de hablar y mira al joven. Está realmente molesto, pero antes de que pueda decir nada, el chico cierra la puerta.

Jamie mira a Erin y sacude la cabeza, como buscando comprensión. Ahora está distraído y le cuesta un poco recuperar el hilo. No así la sonrisa, que vuelve a aflorar tan natural como siempre a la cara del joven profesor.

La clase continúa.

09:30 Norris Hall, clase 206 (Hidrología avanzada)

El profesor Loganathan interrumpió la clase y señaló con el dedo al alumno que tenía la mano levantada.

—¿Sí, Nathaniel?

—Dr. L, quería saber si esto demuestra que…

G. V. Loganathan renunció hace mucho tiempo a que los chicos pronunciasen bien su nombre hindú, así que desde entonces les pide le llamen Doctor L. Es más cómodo para todos. Con el rango de doctor se mantienen las formas, y con la L los alumnos sienten que están pronunciando el nombre de algún rapero famoso. Cuando quiere que los chicos se rían, les obliga a decir en voz alta el nombre de su pueblo natal: Karatadipalayam. Allí nació hace 53 años, y de allí salió para estudiar primero en Madrás y luego en Estados Unidos. Llegó a Virginia Tech en 1981, y ya no salió de allí. Se casó, tuvo dos hijas, escribió varios libros científicos que alcanzaron cierto prestigio. La universidad le ha reconocido con varios premios a la excelencia en la enseñanza, pero eso no hace falta que se lo digan a los alumnos de la clase 20. Cuando hace falta, el Dr. L se queda despierto toda la noche repasando los conceptos de su clase con paciencia infinita, porque realmente ama su trabajo.

Uno de los que más se ha beneficiado de su apoyo es Park Chang-Min. Un chico surcoreano amable y abierto, que recurre en muchas ocasiones al Dr. L para las clases de recuperación, porque su carga de trabajo lectivo es un tanto excesiva. Chang-Min tiene 27 años y no quiere perder más tiempo sin finalizar su doctorado. Hay veces que tiene que perderse las clases de Hidrología Avanzada por coincidencia con varias actividades académicas, pero hoy puede estar presente por primera vez desde hace un mes. A su lado está su amigo Partahi Lumbatouran, que, como él, está estudiando el doctorado en Ingeniería Civil. Partahi se gira para preguntarle algo a Chang-Min, pero éste no le contesta. Alguien acaba de entrar en clase.

Es un chico surcoreano, Chang. Min reconoce este detalle enseguida. Pero hay algo en su actitud que no le gusta. Lleva una gorra de color rojo oscuro, pantalones militares claros, chaleco y guantes negros. No es una ropa para ir a clase.

El recién llegado camina cerca del Dr. L, que se gira hacia él con una sonrisa educada. El joven levanta el brazo derecho. Lleva una pistola. Apunta a la cabeza del profesor.

—HOLA, ¿cómo estás? —dice Cho.

Aprieta el gatillo y el Dr. L cae desplomado en su silla.

cho

Chang-Min no hace el menor ruido. La sensación de irrealidad es demasiado grande. El joven se vuelve hacia ellos, fila por fila. Camina despacio, con el rostro pétreo, sin abrir la boca. Apunta al estudiante, cuidadosamente, despacio. Dispara tres tiros a cada uno. A algunos más.

Chang-Min no puede creer lo que está viendo. Tal vez por eso ni siquiera siente la bala que le atraviesa el pecho y un brazo. Cae al suelo.

Entre dos filas de pupitres ve derrumbarse a Guillermo Colman, otro compañero doctorando. Tiene un disparo en la cabeza y otro en el brazo. Guillermo cae de lado y ve a Cho ir tras él para abrir fuego y rematarlo, pero una proverbial casualidad le salva la vida. Partahi cae sobre él, tapándole con el cuerpo. Chang-Min supondrá que Partahi le cubrió como heroicidad. Días después la policía les explicará que Partahi ya no podía ser un héroe, porque estaba muerto.

Cho dispara varias veces más, pero a su alrededor no queda nadie en pie. En la clase había catorce personas, contando al doctor L. De todos ellos solo sobrevivirán cuatro: Park Chang-Min y Guillermo Colman, ambos heridos de gravedad, y Nathaniel Krause y Lee Hixon, que saldrán ilesos. Cuando comenzaron los disparos, Lee se echó al suelo y se hizo el muerto. Mientras está en el suelo, muerto de miedo, se pregunta por qué ha actuado de manera tan estúpida. Es evidente que el asesino se va a dar cuenta.

Me va a descubrir. Oh, Dios, no permitas que me descubra. Por favor, Dios. Solo soy un crío, reza.

O su plegaria es atendida o su truco funciona. Cho se marcha.

09:23 Norris Hall, segundo piso, pasillo norte

Pam Tickle se dirige hacia el teléfono de servicio que hay dentro de uno de los armarios de mantenimiento del segundo piso. Descuelga el auricular, y va a marcar el teléfono de su supervisor cuando un tremendo ruido resuena por todo el edificio. Pam se queda con el auricular a medio camino de la oreja cuando suena otro ruido igual, y luego otro. Pam cuelga el teléfono y va a buscar a Daniel Stumpf y al otro muchacho que ambos habían encontrado intentando cruzar las puertas encadenadas. Ambos están en la escalera del segundo piso, con el rostro desencajado.

—Vamos, chicos —dice Pam, intentando tranquilizarles.

—¿Qué coño pasa? ¿Son eso disparos?

De repente, el ruido cesa por completo.

—¿Vamos a ver qué pasa? —dice Daniel.

—No creo que eso sea una buena idea —dice el otro estudiante.

—Gallina.

Pam les manda callar con un gesto.

—Nadie va a ir a ver nada y nadie es un gallina. Venid conmigo, vamos a la sala de descanso de estudiantes.

09:23 Norris Hall, oficinas del tercer piso

El profesor Kevin Granata está trabajando en su despacho. Kevin es un veterano de la primera Guerra del Golfo, y como tal se pone de pie nada más escuchar el disparo que acaba con la vida de Jamie Bishop. Kevin sale al pasillo. Se oyen más disparos. En el tercer piso solo hay una clase en curso en ese momento, impartida por el profesor Wally West. Kevin y Wally mandan a los catorce asustados chicos que entren en la oficina de Kevin y cierren la puerta por dentro.

—Será mejor que bajemos a ver qué demonios ocurre, Wally —dice Kevin.

09:39 Primer piso del Norris Hall, cerca del ascensor

Gene Cole vuelve despacio de fumarse un cigarro en el exterior del edificio. Su supervisor, Johnny Long, está esperándole.

—Eh, Gene, ven aquí. Quiero hablar contigo.

—Dígame, jefe.

—Mira, dime qué ves aquí.

—Es el armario de las escobas, jefe.

—No, Gene.

—¿No?

—No. Es el armario de las escobas abierto. ¿Te lo has dejado abierto tú?

—Eso creo, jefe.

—Por favor, que no vuelva a ocurrir. Has oído hablar de esas amenazas de bomba, ¿verdad?

—Claro, jefe.

—Bueno, pues quiero que sepas que se pueden hacer bombas con los productos químicos que tenemos aquí…

Puede que Gene no sea muy listo, pero en ese momento piensa que esos productos químicos se pueden comprar en cualquier Wall Mart. Johnny Long averigua sus pensamientos, porque levanta un dedo y dice.

—Más vale prevenir que curar. Mi anciano padre solía decir…

Pero Gene se queda sin saber lo que el anciano señor Long solía decir, porque en ese momento se escucha un disparo. Gene y Johnny reconocen el ruido inmediatamente.

—Dios, son disparos —dice el señor Long.

09:40 Norris Hall, clase 207 (Alemán básico)

Trey Perkins había sido el primero en llegar a clase del profesor Bishop, o herr Bishop, como le llama Trey cariñosamente. Estuvieron hablando de deportes, un tema ciertamente más interesante que la sintaxis del alemán. Como fan de los Atlanta Falcons, herr Bishop fastidiaba a su pupilo, fan de los New Orleans Saints. Estuvieron discutiendo cuál de los dos equipos entraría en el draft en la NFL.

Cuando la clase comenzó, Trey se sentó en el centro de la clase cerca de Erin Sheehan, la chica de la cabeza rapada. Le caía bien.

Trey apenas se fijó en el chico asiático que entró dos veces. Pero justo medio minuto después de su segunda aparición, unos extraños sonidos resuenan por el pasillo. Como pequeñas explosiones.

Todos se miran entre sí.

—¿Qué es eso? ¿Alguna clase de broma? —dice Trey.

—Hay obras en el edificio —le responde Erin.

Un chico de la primera fila se levanta, abre la puerta y se asoma.

—¿Ves algo?

—Nada.

El chico cierra la puerta y vuelve a sentarse.

—Eh, herr Bishop…

—¿Sí, Trey?

—Deberíamos poner algo delante de la puerta… —Trey no mira al profesor cuando empieza la frase. No lleva reloj, así que mete la mano en el bolsillo para sacar su teléfono móvil y mirar la hora. Son las 9:40— Ya sabe, solo por si acaso.

Tan pronto termina de hablar, se abre la puerta, de golpe.

Cho entra en la clase. Sin mediar palabra, dispara a Jamie Bishop. La bala le destroza la cabeza.

Trey se arroja al suelo inmediatamente. Mientras, siguen los disparos. Trey escucha uno o dos gritos, pero todo el silencio salpicando detonaciones. Es una matanza desapasionada, sin emoción. El joven empuja dos escritorios para que le sirvan de parapeto, aunque resulta una protección muy pobre.

De ninguna manera voy a salir vivo de esta.

Oye llantos quedos, que por alguna razón le resultan más inquietantes que el sonido de los disparos.

Me pregunto qué dirá mi madre cuando le digan que he muerto.

Erin, mientras tanto, gatea hacia el final de la clase. Pasa por encima de dos cuerpos sin vida. Hace acopio de todas sus fuerzas y levanta uno de los cadáveres. En ese momento es incapaz de reconocer a la chica. Se coloca debajo del cadáver y se tapa la cara con el brazo, haciéndose la muerta. Cho pasa por allí segundos después. Erin ve con toda claridad la suela de sus botas por debajo del huevo de su brazo. Lucha para contener la respiración.

En ese momento un clang metálico junto a su oreja derecha la sobresalta. Erin reconoce el ruido porque lo ha escuchado en un millar de películas. Es el sonido del cargador vacío de una pistola automática cayendo al suelo. Erin se da cuenta de lo aterrador que resulta cuando es de verdad. Nota algo húmedo y siente que está cubierta de sangre.

Dios, que no sea la mía.

Hay más disparos, y un casquillo de bala cae sobre su cuello, caliente.

Erin se muerde el dorso de la mano para no gritar.

Cuando comenzó el tiroteo, Dere O’Dell, un estudiante de Biología de 20 años, apenas se lo podía creer. Estaba sentado en la segunda fila. La imagen de la bala haciendo pedazos el cráneo de Jamie se le queda grabada en las retinas durante unos instantes.

Luego siente mucho dolor. Antes de darse cuenta, está en el suelo y su jersey blanco se cubre de rojo oscuro. Cree que la bala le ha dado en el pecho y se encomienda a Dios.

Derek cuenta los disparos.

Ocho.

Recarga.

Diez.

Tan silencioso como llegó, Cho cruza de nuevo la puerta en dirección al pasillo.

09:41 Norris Hall, segundo piso, sala de estudiantes

El grupo de Pam Tickle, en su ruta hacia la sala de estudiantes, recorre unos diez metros y tuerce a la derecha. Al abrir la puerta de la habitación, se encuentran con un chico tendido en el sofá. Está dormido, pero se despierta cuando ellos entran.

—Lo siento, solo estaba descansando un poco…

—No pasa nada —dice Pam—. ¿Tenías que estar en clase?

—Tenía clase de Hidrología, pero pensé en fumármela para poder descansar un poco. Estoy hecho un asco. ¿Qué coño es eso?

Los disparos han empezado otra vez, y esta vez suenan más cerca. Pam ya no tiene dudas. Mira a Daniel Stumpf y a los otros dos estudiantes cuyos nombres no conoce.

—Chicos, hacedme un favor. Cerrad la puerta por dentro y atravesad ese sofá delante. Seguro que no es nada, pero…

—Seguro que no es nada.

—Claro.

—Dentro de una hora nos estaremos riendo de lo tontos que somos.

Pero, por si acaso, colocan el sofá delante de la puerta. Daniel sugiere apagar las luces y esconderse debajo de una mesa, y eso hacen. Finalmente usan el móvil de Daniel para llamar al 911.

09:41 Norris Hall, cerca del ascensor, segundo piso

Kevin Granata y Wally West bajan por las escaleras para investigar lo que está sucediendo una planta más abajo. El estruendo de los disparos se ha acallado, así que Kevin entra en el corredor. Hay un chico saliendo de una de las clases.

—¿Todo va bien? —dice Kevin.

El joven levanta los brazos. Tiene una pistola en cada mano. Aprieta el gatillo, desde una distancia de apenas tres metros. Alcanza a Kevin en plena cara, a Wally en el antebrazo derecho. Kevin se desploma. Wally se da la vuelta y se dirige a las escaleras. Hay más disparos, que se estrellan en la pared a pocos centímetros del rostro de Wally, pero éste consigue ponerse a salvo.

09:42 Centro de recepción de llamadas de la policía de Blacksburg

Agente Whitt: Nueve uno uno, emergencias. ¿En qué puedo ayudarle?

Llamada: Hola, mi nombre es Pam Tickle. He escuchado unos disparos. Bueno, creemos que son disparos.

Agente Whitt: Le habla el agente Whitt. ¿Dónde se encuentra, señora Tickle?

Llamada: Estamos en Virginia Tech. En Norris Hall.

Agente Whitt: Disculpe, señora, ¿ha dicho WJ Hall?

Llamada: No, en Norris Hall. Debajo de una mesa.

Agente Whitt: ¿Oyó los disparos esta mañana?

Llamada: Los estoy oyendo ahora.

Agente Whitt: Señora, ¿hay un tiroteo en curso? ¡Sargento!

Llamada: ¡Sí, sí. Envíen ayuda!

Agente Whitt: Señora, necesito que confirme su ubicación.

Llamada: Sargento, algo sucede.

Llamada: ¿Aló?

Agente Whitt: Sí señora, un momento señora.

Llamada: …

Agente Whitt: Señora, ¿puede usted ver al tirador?

Llamada: No. Estamos escondidos debajo de una mesa en la zona de estudiantes del segundo piso en Norris Hall. Somos cuatro personas.

Sargento Stein: Señora Tickle, soy el sargento Stein. Dígame, ¿han cesado los disparos?

Llamada: No, sargento. No han cesado.

09:42 Norris Hall, ascensor, segundo piso

Las puertas del ascensor se abren y Gene da un paso fuera. Solo uno. El primer pensamiento es tan surrealista que habla por sí solo:

—Mi pasillo está lleno de sangre. Yo no pienso limpiar todo esto.

Y enseguida empieza a vocear.

—¡Pam! ¡PAM TICKLE! ¿Dónde estás?

Gene se interrumpe. En el suelo ve una bolsa de libros. Y luego algo que parece un cuerpo humano. Gene es corto de vista, así que se agacha para ver mejor. Es un ser humano agonizante, estremeciéndose. En ese momento, Gene solo puede pensar que es Pam, a pesar de que sea un hombre y esté vestido con ropas claras. La mente del conserje se ha bloqueado en ese pensamiento.

Algo, sin embargo, llama su atención. Con el rabillo del ojo ve a alguien. Se da la vuelta. En el otro extremo del pasillo hay un hombre vestido de forma extraña, sujetando una pistola con ambas manos.

Que apunta directamente hacia él.

Gene le mira durante un instante. Hay casi doce metros hasta el lugar donde está el intruso con la pistola. En ese momento Cho dispara. Cinco veces. Gene siente el aire caliente desplazarse alrededor de su cara. Está milagrosamente ileso.

Empieza a correr. Nunca pensó que pudiese correr tan deprisa. Llega hasta la escalera de atrás y baja dos piso, buscando un teléfono.

Oh, Dios. Solo espero que Pam esté bien.

09:43 Exterior del Norris Hall

El ruido de sirenas crece mientras todos los efectivos disponibles, incluso policías de otros condados, se dirigen hacia Norris Hall. Los primeros agentes en llegar a la puerta principal se la encuentran bloqueada. Uno de ellos grita por la radio.

—Unidad 44 a central. Acceso a Norris Hall imposible. Puertas bloqueadas, solicitamos instrucciones. Cambio.

—Aquí Central. ¿Qué equipo llevan, unidad 44? Cambio.

—Uniforme de faena, escopeta y arma reglamentaria. Cambio.

—Esperen a la unidad táctica. Repito, esperen a la unidad táctica. Desconocemos la entidad de la amenaza. Cambio.

—Confirmada espera. Déjenselo a los SWAT. Recopilen la información posible desde el exterior. Estarán ahí en dos minutos. Cambio.

—Roger, Central. Cambio y cierro.

09:48 Exterior del Norris Hall

Jamal Albarghouti, un estudiante palestino de 24 años licenciado en ingeniería civil, pasa en ese momento por delante de Norris Hall. Un policía le hace señales. Otro policía se acerca y comienza a gritar.

—¡Todo el mundo al suelo!

Jamal ha crecido en una tierra donde el sonido de las armas de fuego forma parte del paisaje, como el canto de los pájaros. Tal vez por eso tiene menos miedo que los demás. Se acerca a Norris Hall y saca su teléfono móvil Nokia. Parapetado tras una esquina, aprieta el botón de grabación. Será un minuto y medio de video en el que quedan registrados 28 disparos, todos ellos correspondientes a la segunda y última entrada de Cho en el aula 211. Esa misma noche, las imágenes grabadas en el móvil de Jamal darán la vuelta al mundo gracias al sistema I Report de la CNN.

09:50 Exterior del Norris Hall

El equipo de SWAT está preparado para entrar a la vez por cuatro puntos diferentes al Norris Hall. Son diez personas, ocho hombres y dos mujeres vestidos con chalecos antibalas, hombreras de kevlar, cascos y armas de gran calibre.

El asalto empieza cuando el sargento Fergusson no localiza una cizalla para abrir la puerta. El método que escoge es usar su escopeta para abrir la puerta. El estruendo del disparo llega escaleras arriba hasta el segundo piso. Hay alguien que lo oye. Que lo estaba esperando.

09:50 Buzones de e-mail de toda la universidad

A todo el personal docente, administrativo y alumnado de la Virginia Tech. Un pistolero está suelto en el campus. Permanezcan en el interior de los edificios hasta nuevo aviso. Aléjense de las ventanas.

09:51 Norris Hall, clase 211 (Francés intermedio)

Clay está tan seguro de que va a morir que sujeta con fuerza la mano de Hilary. De pronto siente como ella se deshace de su apretón.

Asombrado, Clay ve como Hilary se pone de pie y camina unos pasos hacia el centro del aula.

Clay se incorpora a su vez y ve a Cho caído en el suelo. Hilary se derrumba encima de él. Entonces Clay comprende que, en los dos últimos disparos que casi han sonado como uno solo, el asesino ha dirigido ambas pistolas contra su cara.

Mientras los miembros del equipo alfa del SWAT comenzaban a subir las escaleras, escucharon la doble detonación que puso fin a la masacre. Al llegar al segundo piso se encuentran con un espectáculo dantesco, pero la adrenalina hace que no se fijen en nada y se limiten a buscar al tirador. Al entrar al aula de francés, encañonan a Clay Violand. El joven deja caer al suelo su móvil y levanta las manos.

—Tranquilos, tranquilos. Es ese. Es ese, ese de ahí, ¿lo veis?

Los agentes se acercan al cadáver de Cho Seung-Hui. Uno de ellos grita.

—¡El tirador ha caído! ¡El tirador ha caído! ¡Etiqueta negra!

Cuando la adrenalina comienza a disiparse y los elementos del SWAT son conscientes del terrible escenario en el que se encuentran, quedan anonadados. Uno de ellos, con más de quince años de servicio a sus espaldas, se da la vuelta y rompe a llorar como un niño.

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La masacre de Virginia Tech
Juan Gómez-Jurado
Ediciones El Andén, 2007
166 p. — Ref. $20.000

La masacre de Virginia Tech

Sobre el autor:

PANIKO.cl (@paniko)

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