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Lo amazónico de Los Mirlos

por · Diciembre de 2015

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Cualquiera que haya escuchado el compilado Roots of Chicha se ha detenido en los nombres de esas bandas peruanas de cumbia psicodélica: Los Destellos, Juaneco y su Combo, Eusebio y su Banjo, Los Mirlos. Estos últimos, los encargados de abrir aquel disco que rescató un montón de música setentera en apariencia desconocida, ya fueron confirmados para el festival En Órbita del próximo 9 de enero, donde figuran entre gente como Los Jaivas, Él Mató a un Policía Motorizado y The Sonics.

Jorge Rodríguez Grández, el creador y cantante de Los Mirlos, es una especie de cumbiastar con más de 40 años de escenarios y unos 30 discos con su firma. Eso desde que en 1971 cambió Moyobamba en la Amazonía por Lima, según él, «para seguir difundiendo el mensaje de nuestra selva y poder competir con los mejores del medio de ese entonces: Los Destellos, Manzanita, Los Diablos Rojos, Los Beta 5 y Los Ecos».

Un poco antes, en la segunda mitad de los sesenta, la selva peruana se había transformado con la llegada del rocanrol.

Rápidamente un Frankenstein musical se apoderó del paisaje para hacer la crónica del Perú verde: una mezcla de swing amazónico —inspirado en la cumbia colombiana— con melodías andinas, guajiras cubanas y los sonidos psicodélicos del pedal Wah-wah.

«En los inicios de la música tropical peruana sí hubo influencia extranjera», confirma Rodríguez Grández, «especialmente de la música colombiana y la cubana, como se aprecia en las primeras grabaciones que aparecieron en 1965: ”Los demonios del Mantaro”, de Carlos Baquerizo, con influencia colombiana, y Pedro Miguel y sus maracaibos, con influencia cubana.»

En el cuadernillo que trae Roots of Chicha: psychedelic cumbias from Perú, el francés Olivier Conan también explica que esta música fue sincrética desde un comienzo. Ahí están el surf rock y sus escalas orientales, el son cubano, el órgano Farfisa y la figura central del guitarrista.

«Al contrario del Tropicalismo brasileño, la chicha no fue un movimiento intelectual. Sus principales exponentes eran músicos trabajadores de orígenes pobres. Su trabajo era hacer que la gente bailara. No viajaron a Londres. No había un discurso elaborado alrededor de la música. Nunca fueron populares con la clase media peruana. Los estudiantes de arte no abrazaron esta corriente y los críticos de música tampoco hablaron de ella», escribe Conan.

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En Perú, dependiendo de la región, la cumbia suena de distinta manera. Hay cumbia costeña, andina y amazónica. Y en ese orden, Los Mirlos corresponden al apartado oriental, al Frankenstein musical donde lo más característico es el sonido hipnótico de la guitarra.

«Es nuestra identificación con la región de la selva», dice Rodríguez, el cantante de Los Mirlos. «Cuando empezamos a preparar los temas para grabar nuestro primer LP, a sugerencia de mi hermano Segundo decidimos utilizar un pedal esférico de la marca italiana Farfisa, el mismo que produce un efecto peculiar dándole ese color especial a la guitarra eléctrica que marca la diferencia con otras bandas».

Ese sonido en particular fue un legado del fallecido primer guitarrista de la banda, Gilberto Reátegui, ahora en manos del experimentado Danny Jhonston López.

Según el cantante, «gracias a la creación de este estilo, a nuestro ritmo y melodías, nos llegaron a llamar “Los charapas de oro”, “El poder verde” y también “El sonido selvático de Los Mirlos”.»

El fenómeno coincidió con el boom petrolero y las bandas comenzaron a multiplicarse en las zonas urbanas hasta capturar la atención de algunos sellos. Un personaje clave de ese momento fue Alberto Maraví, un locutor de radio y cronista musical decidido a buscar y difundir bandas selváticas y psicodélicas a través del sello Infopesa, La Meca de la cumbia peruana.

En Lima, como ocurrió con varias bandas, Maraví fichó a Los Mirlos, los autores de “La danza de Los Mirlos”, «el himno nacional de la cumbia» según Pablo Lescano, que es al mismo tiempo el creador de la cumbia villera en Argentina; un tema que fue versionado por su banda Damas Gratis y gente como Afrosound, además de aparecer en esa clave cultural llamada Roots of Chicha.

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—Por este origen amazónico y psicodélico imagino que hay algo de ayahuasca en la historia de la banda. ¿Cómo se llevan con las drogas?

—El ayahuasca así como otras drogas que conocemos no hubo necesidad de probarlo porque nuestros principios y valores están bien cimentados y todo depende de uno mismo para utilizar estas drogas que a nada bueno conducen. En la agrupación gracias a Dios nunca tuve ningún músico integrante que fumara o se drogara. Las creaciones salen en momentos de inspiración, complementándose en los ensayos con el aporte de cada uno de los integrantes del grupo.

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Habría que aclarar que la cumbia peruana nació en 1968, cuando Enrique Delgado introdujo la guitarra eléctrica en su banda Los Destellos. Lo que hizo sobre la base de la cumbia colombiana fue encontrar un sonido que hasta hoy es particular del Perú:

«La influencia musical que tuvimos nosotros fue desde niños, por parte de mi padre, quien tocaba su acordeón. Luego de adolescentes escuchábamos la cumbia “La pollera colorada” de Colombia y también a Los Destellos que ya habían grabado sus primeros 45 RPM y que influenciaron de alguna manera nuestra música», reconoce Rodríguez.

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Hace poco Los Mirlos compartieron escenario con Chico Trujillo («es una orquesta espectacular con sonido y estilo propio») en Perú. Cuentan que es lo único que saben de la cumbia chilena, además de Américo («es un gran cantante de cumbia que ha grabado en estos últimos años obras musicales peruanas»).

Para conocer a Los Mirlos, Roots of Chicha es una buena entrada a su sonido-esponja de los setentas. Ahora, ¿por dónde empezar a escuchar a Los Mirlos según Los Mirlos? «Hay varios temas clásicos, pero “La danza de Los Mirlos” es una obra que es considerada como la cumbia de América», dicen ellos.

Damas Gratis, la banda de Pablo Lescano, probó algo de eso en un Luna Park repleto:

Lo amazónico de Los Mirlos

Sobre el autor:

Alejandro Jofré (@rebobinars) es periodista y editor de paniko.cl.

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