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Maradona contra Inglaterra: el gol que no fue

por · Mayo de 2014

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Maradona por Argentina ante Inglaterra. Recibe la pelota de espaldas, y de un giro se saca a uno, luego a dos y tres, y entra al área a definir. No, no, no. No es el 86. Yo también diría: de nuevo ese partido, de nuevo ese gol, suficiente. Como si no hubiera escuchado un millón de veces el relato de Víctor Hugo, o leído alguno de esos poemas chulos escritos por alguno de esos poetas pencas sobre ese gol que, de tan bueno, ya me cansa. No, esto es Maradona, por Argentina, ante Inglaterra, pero en Wembley, 1980.

La selección de Menotti venía como campeona del mundo a jugar un amistoso, e Inglaterra los recibía como campeón de nada, para variar. Todavía no había Malvinas ni guerra ni un odio eterno. En Argentina jugaba, con 19 años, de titular y con la 10 a la espalda, Diego Armando Maradona, la figura del mundial sub 20 de Japón que se había celebrado el año anterior. Y en el primer tiempo, a espaldas de los volantes y antes que los centrales, le llega a Maradona un pase justito, apretado, que invitaba a devolverla de inmediato. El pequeño Diego, que ya parecía haber descifrado por completo este deporte, la aguantó con el borde externo de su zurda, y con el brazo derecho se sacó al 4 inglés que lo venía a joder. Con dos toques, se da vuelta, evitando al mediocampista que se le caía encima de frente. Y ahí comienza. Toquecito, toquecito, la pelota pegadísima al pie, viendo espacios que no existen, abriéndose camino entre una defensa que nunca se preparó para tanto talento en contra. El relator inglés grita como nunca un relator inglés gritó, el público en Wembley aúlla como cuando en el circo el trapecista hace su truco más difícil, rozando la muerte. Maradona, que hace un segundo estaba en trescuartos de cancha frente a cuatro defensas, ahora esquiva la última barrida y queda mano a mano con el arquero. Imitando a su ídolo, Ricardo Bochini, intenta hacer simple lo imposible, y sin ninguna advertencia mete un zurdazo que es más bien una zurdita, porque es suave y contenida, arrastrada y ajustada. Provocadora, porque hace lento un desenlace que todos buscan apurar. Y entra o no entra, entra o no entra, entra o no entra: sopla el palo y sale afuera, y el relator que se lamenta como si el gol hubiese sido suyo, comprendiendo que contra jugadores como esos no se puede uno oponer ni resistir, sólo gritar y aullar.

Maradona contra Inglaterra: el gol que no fue

Sobre el autor:

Cristóbal Bley es periodista y editor de paniko.cl.

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