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Mortal Kombat es mejor que Street Fighter (y Tekken es para asiáticos)

por · Mayo de 2019

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Probamos el nuevo Mortal Kombat 11 en PlayStation 4.

La primera vez que jugué Mortal Kombat en mi vida tenía 8 años y, sin embargo, la puedo recordar con precisión milimétrica. La patada voladora de Liu Kang apareció frente a mí a media tarde, desde un televisor con trasero, cuando entré en la habitación de otros hijos como yo.

Nunca comulgué con Sega pero ahí figuraba, con la inocencia de un iniciado, en una casa que no era la mía, mirando cómo un ninja azul caía desde un puente y se estrellaba de espaldas con el cemento.

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Digo: se hacía mierda contra unas púas con restos humanos y sangre, sobre todo sangre, por encima de todo sangre y muerte.

Y sufrimiento.

Mi madre dijo qué desagradable, los otros padres pidieron cambiar el juego —el primer y añejo Mortal Kombat— pero ya era tarde. O demasiado pronto. Porque el daño ya estaba hecho.

Unas semanas después me reencontré con el ninja encapuchado y azul de Mortal Kombat en la casa de un compañero de colegio.

Supe que se llamaba Sub-Zero, que podía congelar y que tirando uppercuts se hacía más fácil el objetivo del juego: una pelea entre dos personajes, que se gana cuando un jugador reduce la barra de salud de su oponente totalmente, dos veces.

Tenía, entonces me habían regalado un Super Nintendo con un par de juegos, el Street Fighter II: champion edition, que trata básicamente de lo mismo.

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Aunque, en el fondo —en la forma—, no era lo mismo.

Preferiría quedarme con los dos, pero si me obligan a elegir… ay, qué dolor. Si me obligan a elegir, pues entonces, contra las cuerdas, me quedo con la saga Mortal Kombat. ¿Por qué? Veamos.

Tuve que descubrir por mis propios medios que Street Fighter era una especie de carta de amor de los japoneses Capcom al orden mundial post Guerra Fría.

Solo así se entiende que haya un ruso como Zangief y luche en una-fábrica-que-tiene-la-hoz-y-el-martillo-en-el-piso frente a su sindicato —un grupo de borrachos—, o que haya un karateca estadounidense tan rubio como Ken o un militar con el pelo largo y levantado como Guile, o que el villano sea un narcoterrorista que pelea en Tailandia y sea conocido como M. Bison.

La ausencia de peleadores del Reino Unido, Francia y Alemania, e incluso de Irán, Pakistán y Corea es altamente sospechosa.

Es cierto, más adelante intentaron enmendar el rumbo, pero no fue suficiente.

Además, ese puñetazo callejero del comienzo del juego es lo más racista y falso que vi:

Sin contar con que Dhalsim es el único personaje mestizo y Balrog —el primero de los “jefes”— el único negro. Y Blanka, el brasileño… bueno, es verde.

Mortal Kombat tiene no solo más mujeres entre sus personajes, también hay robots, sombras, hombres y mujeres de seis extremidades, discapacitados con habilidades extraordinarias como brazos metálicos, y centauros y villanos con problemas de personalidad múltiple.

Street Fighter era tan limpito e ingenuo —aunque ver bailar a Gorbachov en el final de Zangief les dio tantos puntos como los toasty!— que alguien debió meterle maldad para hacerlo más atractivo.

Y —a la mala— llenaron la pantalla de hadoukens o sonicbooms o yogafires, le subieron la velocidad y le quitaron algunas reglas para hacerlo un juego más complejo y entretenido.

Jaque mate:

Mortal Kombat era, por decirlo de una manera amable, más violento. Coquetamente más perverso. Ingeniosamente más ficticio también. Pero sobre todo menos ingenuo. Y mucho más dificilísimo y táctico.

Los que alcanzamos a visitar algún boliche con máquinas de arcade, sabemos que Mortal Kombat aglomeraba más gente y que controlar a los peleadores como un pro era mucho más frustrante y trabajoso.

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Era toda una proeza táctica jugar MK III, versus la simpleza y el timing predecible de Street Fighter II.

Ganar, en Mortal Kombat, era realmente ser el mejor.

Además, ¿qué es eso de hacer una versión del mismo juego con más jugadores? ¿Es acaso el comienzo del final? ¿El primer antecedente de los nefastos DLC (en inglés, DownLoadable Content, “contenido descargable”)?

Si empezaron esta nota con la esperanza de que me burlara de lo infantil que se ha vuelto la saga Street Fighter, o de lo ingenuo que es su argumento, lamento no poder complacerlos. Váyanse con sus prejuicios a la puta madre que los parió. Si les gustan los videojuegos de pelea tanto como a mí, entenderán este exabrupto y seguirán leyendo sin problemas.

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Street Fighter siempre tuvo mejor prensa que Mortal Kombat. Era el juego favorito de los papás porque aunque los golpes sonaban, la sangre apenas se veía por un microsegundo para luego, mágicamente, desaparecer.

Se sabe: si Mortal Kombat fuera un hospital no se necesitarían más donadores de sangre. Pero había una apuesta que llegaba más allá todavía. Toda vez que uno ganaba dos rounds podía humillar al rival con un fatality y conocer su asqueroso y carnal mundo interior.

No vale la pena desarrollar mucho más los toasty! de Mortal Kombat. Pero hay que decir que faltaba una cuota de humor en los juegos de peleas y hasta el día de hoy, si uno vuelve con nostalgia a esos primeros juegos, dan tanta risa como las gráficas.

Seamos justos y digamos que existe apenas un round en que sí gana Street Fighter. Es un pequeño apéndice de la historia de las sagas cuando Capcom recibió ayuda de la casa de los X-Men.

Se llama Marvel vs. Capcom y apareció para PlayStation en 1998. Una finezza de juego, chulo, hermoso, desafiante.

Mortal Kombat reaccionó ¡dos generaciones de consolas después!, el año 2008, con un adefesio completamente olvidable llamado Mortal Kombat vs. DC Universe.

Vamos a decirlo claramente: a pesar de la década de diferencia Marvel vs. Capcom lo destrozó. Ni el más acérrimo de los fans de Mortal Kombat como yo podría defender una basura como Mortal Kombat vs. DC Universe.

Pero entonces vino NetherRealm Studios y la historia se volvió todavía mejor.

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(Un paréntesis.

Tekken, otra saga muy popular de peleas, es para gente con problemas con sus padres y adicta a la deep web. Veamos.

Para quienes leen los juegos desde su narrativa, Tekken consiste en un torneo de artes marciales asiático organizado para pelear por la fortuna de una familia asiática que desheredó al hijo asiático por débil. La competencia acaba cuando el vencedor lanza al abismo, un abismo asiático —estilo Tao Te Ching—, a su contrincante. Fin.

No más pruebas.)

Ahora, que quede bien claro: los dos, tanto Street Fighter como Mortal Kombat —y puede que Tekken también, pero, en ese caso, habría que sumar a Killer Instinct—, nos salvaron la vida, y los dos se merecen nuestra gratitud eterna. Si no fuera por ellos llevaríamos una vida juiciosa, nos sorprendería la violencia que hay en Game of Thrones y creeríamos ciegamente en nuestros gobiernos.

Mortal Kombat 11 es el juego de peleas del año

Hablaba antes de NetherRealm Studios y hay que hacerles un altar.

Más allá de revisar las entrañas de los rivales o meter combinaciones de varios ataques, lo central en Mortal Kombat 11 es que retoma lo hecho en sus antecesores MK 9 y sobre todo MK X: una dirección de arte hermosamente satánica, efectos de sonido reales hasta el trauma y una experiencia mejorada en el gameplay.

Por ejemplo, los desquiciados ataques X-Ray —reformulados para tener menos requisitos— o el nuevo Fatal Blow, que puede ser utilizado una sola vez por pelea e incluye cinemáticas mejoradas e hiperrealistas.

También hay nuevas barras de ataque y defensa para ejecutar otros movimientos o recomponerse más rápido luego de una caída.

NetherRealm Studios y Warner Bros. Games vuelven a darle brillo y profundidad a una saga de por sí oscura y sanguinaria. Y Mortal Kombat estira su reinado de gloria con nuevas dosis de ultraviolencia, gore y brutalidad. Sobre todo de la mano de un gran modo historia —de nombre Konquistar— llamado a ampliar las posibilidades del jugador solitario.

En Mortal Kombat 11 habitamos la tiranía de Raiden, quien hará lo que sea para proteger a la Tierra de las amenazas exteriores, mientras Kronica, un nuevo personaje que se hace llamar la diosa del tiempo, busca reescribir la historia para traer de vuelta el equilibrio en los distintos mundos del juego.

Esa es la trama principal que irá variando en distintas líneas paralelas de tiempo y espacio de acuerdo a cada personaje. Aunque con una complejidad.

Kronica —que es la madre de Shinnok— mezcla el presente y el pasado, poniendo a todos los reinos en un complejo escenario con reglas más que desafiantes.

Así Sonya Blade —interpretada por la peleadora profesional Ronda Rousey— lucha junto a su hija Cassie Cage, de la misma edad, o Scorpion y Sub-Zero liberan a Cyrax del control de Sektor, al tiempo que Liu Kang y Kung Lao actúan combinados.

Personajes populares en las peleas en Internet, como Erron Black, Scorpion y Kung Lao, figuran entre los utilizables además de Baraka, Cetrion​, D’Vorah, Frost, Geras, Jacqui Briggs, Jade y Jax.

Además de Johnny Cage, Kabal, Kano, Kitana, Kollector, Kotal Kahn, Noob Saibot, Skarlet, Sub-Zero y Shao Kahn:

Siguen allí las torres clásicas, las partidas multijugador en local o en línea, y la Krypta, donde hay que explorar la isla de Shang Tsung y desbloquear cofres para acceder a nuevos accesorios, artes, diseños y hasta fatalities.

Es, por lejos, el juego de peleas del año. Cinco toasty! de cinco.

Mortal Kombat 11 está disponible en Xbox One, PlayStation 4, PC y Nintendo Switch.


Mortal Kombat es mejor que Street Fighter (y Tekken es para asiáticos)

Sobre el autor:

Baltasar Daza

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