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Murakami periodista

por · Agosto de 2015

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Una mañana cualquiera, una secta religiosa que tenía como líder a un falso gurú ciego, atentó contra el metro de Tokio en la hora punta. Fueron tres líneas que sufrieron los ataques de gas sarín, un compuesto inoloro e incoloro, clasificado como arma de destrucción masiva por la ONU. Esa mañana los peones dejaron bolsas en el piso del tren y las pincharon para dejar salir un líquido que luego sería gas. Casi inmediatamente, miles de personas corrieron fuera de sí mismas abandonando las estaciones en pánico. La escena parecía una zona de guerra pero nadie sabía entonces quién era el enemigo. Con la garganta ardiendo y los ojos irritados, la televisión mostró los primeros muertos en cadena nacional: 13 en total, junto a otras 50 personas graves y miles de afectados.

«Me gustaría que durante la lectura de este libro prestasen atención a las historias de la gente. Antes de eso quisiera que imaginaran lo siguiente: es 20 de marzo de 1995. Lunes. Una mañana agradable y despejada de principios de primavera. El viento aún es fresco y la gente sale a la calle con abrigo (…) Así que usted se ha despertado a la hora de siempre, se ha lavado la cara, ha desayunado, se ha vestido y se dirige a la estación del metro. Sube a un tren lleno, como de costumbre; se dirige a su puesto de trabajo. Una mañana como muchas otras. Nada especial. Uno de esos días imposibles de diferenciar en el transcurso de una vida, calcado a muchos otros, hasta que cinco hombres clavan la punta afilada de sus paraguas en unos paquetes de plástico que contienen un líquido extraño…», escribe Haruki Murakami al final del prólogo de Underground. El atentado con gas sarín en el metro de Tokio y la psicología japonesa (Tusquets), su último non-fiction traducido al español.

Como millones de japoneses, Murakami siguió atento el bombardeo de información de los noticieros. La saturación de cierta prensa-condicionada-por-otras-urgencias sacó sus garras los días siguientes al atentado y actuó como el Jake Gyllenhall de la película Nightcrawler. Esa misma imprudencia llevó al autor de Tokio blues a escribir un ornitorrinco a medio camino entre las salchichas que se imprimen día a día en las salas de redacción y el periodismo narrativo que Rodolfo Walsh creó en Argentina pero que Truman Capote extendió alrededor del planeta.

Empecinado en entender con profundidad qué había pasado en el metro de Tokio esa mañana de lunes, Murakami se propuso algo que pocos hicieron: conversar con los sobrevivientes. Escucharlos. Y luego, desde las transcripciones, compartir esas historias.

Durante el año siguiente a la tragedia, algunas de las víctimas pasaron por su grabadora y conversaron largo: sobrevivientes, familiares, equipos de emergencia, psicólogos y miembros del grupo tras el atentado. El resultado es Underground, un testimonial extenuante y sobre todo claustrofóbico, que funciona como el retrato urgente de la sociedad japonesa. Un libro que es como todos los libros de Murakami, es decir, sobre gente común y corriente arrancada de su vida cotidiana por hechos extraordinarios.

A veces deudor de la novela coral, a ratos sacado de una secuencia de Akira, Underground es un registro del orden en la sociedad japonesa y sus valores, revelando la violencia generalizada por la resignación ante lo injusto o la marginación hacia las víctimas y perdedores. Lejos del creador varias veces candidato al Nobel de Literatura, Murakami opera aquí como un médium —aunque sin montar juicios de valor—, ordenando los relatos al ritmo de las víctimas.

Como escribe al comienzo del libro, hay que prestar atención a las historias de la gente. Por eso el autor de Kafka en la orilla deja hablar y guía esa fuerza fragmentada hasta alcanzar las formas de una identidad atravesada por la leyenda de los aviones kamikaze y el acero con sangre y restos de piel humana de las katanas.

A pesar de los 16 años que demoró su traducción al español, el tono de la tragedia sigue tibio y escalofriante. «Sé que no doy la impresión de sufrir un dolor constante, pero imagínese lo que sería llevar un casco de piedra día y noche. Si hubiese muerto, todo habría resultado más sencillo, no tendría que soportar este sinsentido», dice una de las víctimas.

Otro pasaje importante del libro es cuando recoge los testimonios de ex miembros de la secta que no participaron del ataque, explorando los oscuros motivos del atentado. Si John Hersey retrató como nadie el horror de las bombas atómicas en la reeditada Hiroshima (Debate), Undeground es la pieza que mejor ensaya —al menos para un extranjero fascinado por la ceremonia del té, el manga y los cerezos en flor— la compleja geometría de la psique japonesa: ese profundo desajuste de una subjetividad sometida a la disciplina más incuestionable.

underground

Underground. El atentado con gas sarín en el metro de Tokio y la psicología japonesa
Haruki Murakami (Traducción: Fernando Cordobés y Yoko Ogihara)
Tusquets, 2014
557 p. — Ref. $15.000

Murakami periodista

Sobre el autor:

Felipe Ojeda (@paniko).

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