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Nueva Música Chilena: memorias del futuro

por · Abril de 2016

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Pensando en la fotografía, Cortázar imaginó difuminada la barrera que separa un simple recuerdo de una composición artística: «La foto es bella o su valor estético contiene un valor histórico o cultural», dijo uno de los escritores más fotografiados de todo el boom. En Santiago, desde la última primavera que el productor musical Cristián Heyne (nombre clave en el sonido que define a las últimas generaciones de músicos) viene madurando la idea de capturar el sonido de bandas actuales junto al periodista musical Andrés Panes, quien ha contado en distintos medios la historia de la mayoría de esos nuevos proyectos.

La idea de añadir brillo extra a catorce grupos chilenos fue tomando forma bajo el nombre de Nueva Música Chilena (NMC), acompañada del subtítulo Pop de guitarras en Chile. «Hubo varias encarnaciones de la idea previamente. Gente muy importante de la escena, por ejemplo, hizo otros compilados: Sello Fisura a través de Soundcloud, el blog Audífonos Piratas a través de links de Mediafire. Por otro lado, los organizadores del PopFest planeaban editar un CD-R bajo el alero del festival, y Cristián Heyne con Cristián Araya, el director de Super45, querían recopilar música chilena en discos y libros —cuenta Andrés Panes—, pero la idea de NMC. Pop de guitarras en Chile (Demony) tal como es ahora tomó vuelo el año pasado a comienzos de noviembre».

En paralelo, luego de cuatro años como crítico musical en El Mercurio, en 2015 Panes fue desvinculado del diario y quedó, como explica él, con una pata afuera del periodismo musical. «Quedé medio tambaleando. Me había ido a vivir solo y me afectó mucho. Le había puesto todo el pino del mundo al diario, respetuoso de lo enorme que era como plataforma, dejando de lado otros proyectos. De repente la plata no me alcanzaba ni para pagar el arriendo. Ahí me dije que quizás, después de ocho años, había llegado la hora de buscarme ‘un trabajo de verdad’. Iba a cumplir treinta y tú cachai lo que significa eso en la cabeza de alguien con tiempo para pasarse rollos. Y me fui a la cresta», recuerda Panes del lugar en donde estuvo entrampado o preparando un impulso. «Me sentí vivo de nuevo después de ver a los Playa Gótica, a los Patio Solar y a Las Olas. Gracias a ellos recordé que dedicarse a la música sin medir consecuencias no puede estar mal bajo ningún punto de vista. Cuando vi a estas bandas y me enamoré de ellas apareció el impulso que se convirtió, definitivamente, en todo esto. Pesqué a Heyne y le dije: hagamos esto, que no quede en el papel. Esa es la síntesis. NMC. Pop de guitarras en Chile es la culminación de varias intenciones de un montón de gente».

NMC1

La experiencia como productor musical y ejecutivo de Heyne se unió al radar entrenado de Panes para dar con una instantánea de las bandas llamadas a marcar las vidas sin marcas y a adherirse al recuerdo de nuevos amores. Se trata de catorce proyectos encontrados, incluidos varios autores de los buenos discos publicados el año pasado: Patio Solar (Temporada), Niños del Cerro (Nonato Coo), Velódromo (EP), Trementina (Almost reach the sun), Urban Monk (A Lua), Paracaidistas (EP) y Chini and the Technicians (En el fondo todo va bien), además de El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco, Mono Azul, Playa Gótica, Las Olas, Perfectos Extraños, Mi Andrómeda y Columpios al Suelo.

«Son gente de la misma generación que comparten su amor por la música, que se encontraron y se potencian entre sí», dice Panes.

—Hace un año, si uno revisa la prensa, nadie hablaba de estas bandas. ¿Por qué debemos poner atención ahora?

—Porque a todo el mundo le gusta la música y estas bandas tienen muy buenas canciones. Y además están haciendo las cosas bien, están mostrando el camino de cómo deben hacerse las cosas cuando el entorno no te da ninguna facilidad. No estoy acá para decirte que van a ser las bandas más exitosas del futuro, aunque me encantaría que lo fueran, pero sí estoy acá para decir que la forma en que están trabajando será exitosa en el futuro. O, al menos, lo será mientras las condiciones para desarrollar proyectos musicales en Chile sigan siendo tan precarias. Por eso uno debería prestar atención a estos grupos. Y, perdóname lo simple del argumento y lo majadero, pero de verdad lo más importante es que las canciones están buenas.

«A mí me encanta la generación del ‘paraíso del pop’. Me encanta Dënver, la Javiera, Gepe, pero ninguno de ellos genera la cercanía de Nonato Coo de Niños del Cerro. No siento que antes hubiese algo así. Siempre cito a Lester Bangs diciendo que, si la música es realmente democrática, tiene que derribar los muros entre artistas y público. Acá pasa eso. Aparte, acá no todo está enfocado en un solo carisma. Entiendo que siempre se hable de los cantantes, es lo común, pero puedes darte cuento de que el bajista de Playa Gótica o el batero de Niños del Cerro también son presencias potentes. No se trata del solo que canta y se para al medio».

—En tu lectura, ¿NMC toma la posta de lo que hizo diez años atrás Panorama Neutral?

—Rechazo la idea de tomar la posta de otros. Cuando escuchas harta música, sobre todo en Internet, te das cuenta de la cantidad de música que los medios pescan es realmente enana. Para mí NMC se trata de ampliar el espectro. Ninguno de estos grupos va tomar el lugar de Gepe porque el lugar de Gepe es de Gepe, ¿cachai? Nadie necesita irse para que lleguen otros. Pensar lo contrario es tener una noción muy reducida de las cosas.

—Sí, pero lo que hizo Panorama Neutral fue anticiparse a lo que iba a pasar con esos proyectos.

—Claro, y también cumplió la función de agrupar, ordenar y presentar, que es lo mismo que hace NMC. Yo nací el 85 y me enteré de Grandes Voces del Under después, pero cuando caché el disco fue súper ilustrativo de ese momento, fue como mirar una foto, y Panorama Neutral cumple esa función igual. Y ojalá este disco haga lo mismo.

—¿A qué otros compilados pusieron atención, qué otras fotos miraron?

—Yo siempre estoy escuchando compilados. Por ejemplo, mientras estábamos haciendo el disco, estaba rayado con una compilación de rumba gitana del sello Soul Jazz (Gipsy Rhumba: The Original Rhythm of Gipsy Rhumba in Spain 1965-74), y pensaba que sería bacán hacer un compilado así, con un título claro y canciones que se defiendan solas. Los expertos en rumba gitana no lo necesitan, pero para mí, que no tenía idea de esa música, fue absolutamente revelador, me bajé discos de Peret y sus Gitanos, de Dolores Vargas. NMC tal vez no sorprende a ninguno de los iniciados en la escena, pero puede ser una especie de hito para los que están fuera de ella, para los que no saben quiénes son Urban Monk o Perfectos Extraños.

—Imagino que detrás de la elección de una canción hay muchas canciones que no se escogen. ¿Cómo funciona ese radar?

—Escuchando todo el material posible y conversando mucho. Ponte tú, Patio Solar tienen canciones que son furor en las tocatas, el público las corea con pasión futbolera. “Al sur” es una de ellas y fue una opción incluirla, por su calidad de hit, de liviana, de pegote. Pero terminamos usando el tema que cierra su disco (“Destellos de algo”), que pasaba más piola y era menos inmediata, porque Heyne, con su criterio y su oreja, se dio cuenta de que tenía cualidades de himno, y era cierto. En ese caso, Claudio, el líder de la banda, fue muy generoso y nos dio absoluta libertad para elegir una canción de su banda. Al final, el último voto siempre fue de los grupos. Perfectos Extraños, por ejemplo, querían usar “Fugaces” y así fue. Con otros hubo cambios de último minuto, como Trementina, que iban con “Distress” y al final les terminé pidiendo sobre la marcha que mejor cambiáramos a “Fall into your bed”.

patio-solar

Destellos de algo

NMC. Pop de guitarras en Chile opera como un canal de divulgación y visibilidad para canciones y artistas nuevos, que conversan entre ellos, pero sobre todo como la fotografía de un momento musical chileno: el actual, el subterráneo. De alguna forma, NMC toma la posta de lo hecho por Panorama Neutral, el compilado que dio a conocer los primeros apuntes de gente como Gepe, Javiera Mena y Familea Miranda, que marcaron la década anterior y continúan en actividad siguiendo el curso impredecible o cosechando los réditos de sus canciones.

Como ocurrió con Panorama Neutral, NMC hace de la coincidencia no concertada de artistas y buenos discos un paladear de chocolate caliente derramado sobre un helado, a pesar de que la mayoría recién está publicando sus primeras canciones, respondiendo sus primeras entrevistas y quemando sus primeros cartuchos en la escena. Lo central acá es que las bandas están buenas.

Panes lo entiende así: «Independiente de cómo se vea para afuera, esto funciona a base de amistades, contactos y una red de buenas voluntades. Para levantar un proyecto como este, con gente trabajando gratis, se requiere de una red de contactos potentes como los que tiene Heyne. Por ejemplo Chalo González, que no tengo idea cuánto cobra por masterizar un día entero, hizo esa pega gratis, por amistad y por gusto, o Caco Lyon, que prestó los Estudios del Sur para grabar a Paracaidistas gratis, por amistad y por gusto. Así se fueron dando las colaboraciones en torno al compilado».

NMC. Pop de guitarras en Chile abarca más que los discos de las bandas escogidas y más que el compilado mismo. Se trata de la cristalización de un entusiasmo contagioso que tomó forma desde una escena con pilares exactos: el festival Pop Subterráneo en la sede Proyecto El Galpón, los ciclos CFT y Fisura, las Kame House y las Jornadas Independientes Histéricas, medios de comunicación atentos como Audífonos Piratas, POTQ y Radiópolis, bandas con poder de gestión como Medio Hermano y My Light Shines For You, y sellos colectivos como Piloto y Fisura. O sea, un montón de underground conectado, en apariencia, a los mismos lugares y referentes. Pero hay luces de reconocimiento entre estas bandas cuando uno las mira de cerca, defendiéndose por sí mismas.

—¿Son todos de Santiago?

—Casi todos. Los Urban Monk son de La Serena y Trementina son de Valdivia. Mi Andrómeda es de Melipilla que para mí es como otro país. La mitad del dúo, Vicente, me decía que cuando salía a la calle lo miraban raro y que le costó mucho armar la banda, porque no tenía con quien tocar, porque la mayoría de los músicos de Melipilla están pegados con el rock de los noventa. Lo interesante es que son gente conectada a Internet, expuestos a montones de cosas que ni siquiera suenan en la radio. Si me preguntas por referentes, todos los grupos me hablaron de Sonic Youth, pero además me hablaron con frecuencia de Tobogán Andaluz, que es una banda argentina que no existe en la radio ni en nuestros blogs de música, o de Capture Tracks que es el sello que tiene a Mac DeMarco y Wild Nothing. Hay un acervo musical distinto y súper amplio. Es gente que no pide permiso, que llega y ocupa los espacios. Cuando fui a una tocata casera de El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco, llegó el papá del cantante del grupo y me contó que su hijo jamás le había pedido permiso para hacer una tocata en el patio. Que de repente llegaba a su casa y tenía el patio lleno de gente escuchando música en vivo. Eso es súper decidor de la actitud que tienen ellos, de haber crecido en las redes sociales y tener una soltura poco vista antes para expresarse y llegar y alzar la voz. Lo que es opuesto a la caricatura del músico indie, que supuestamente no tiene ningún lugar para tocar y está cagado, y se tira al suelo a llorar por la falta de espacios. Estos grupos no se frenaron por eso.

—Mejor pedir perdón que pedir permiso.

—Podría haber sido el nombre del compilado.

—Tú que escarbaste en las historias de las bandas, tiene que haber llamado tu atención alguna en particular.

—Sí, fue una mezcla de investigación y trabajo promocional. De todos los grupos se puede contar algo interesante. Por ejemplo, antes de que Las Olas existiera, la mitad tocaba en un grupo llamado Napalm y los Matemáticos. Cuando nos juntamos a conversar en el Bar 1 antes de una tocata de Insectos Paralíticos, me contaron que en esa época, tipo 2011, eran demasiado raros para la escena pop del momento. Pero además eran demasiado raros para el circuito de gente que frecuentaban, ligada al hardcore punk. Demasiado raros para el pop, demasiado pop para el hardcore. Y de todo eso salió Las Olas, con un espíritu gregario, un EP que se llama Canciones para mis amigxs con mucho énfasis en el goce del público en las tocatas. De hecho, el hardcore fue una escuela para muchos integrantes de las bandas. De ahí la naturalidad al asumir la autogestión como vía, los precios baratísimos de las entradas, etcétera.

—¿Y Patio Solar, que firmaron uno de los mejores discos del año pasado?

—Patio Solar es la piedra fundacional de esta escena. Fue el primer grupo que tuvo un disco largo, una banda que empezó como el proyecto solista de Claudio Gajardo, que es el cantante, guitarrista y compositor. Fueron un punto en el mapa, cuando no había escena ni nada. Llegaron antes que la mayoría, y mucho de lo que está pasando ocurre por su influencia. El rollo del Claudio es bien romántico: quiere que la música hable por sí sola, lo que me parece un discurso bonito y que quizá para otra gente puede ser obsoleto. A mí me consta que él está muy concentrado en la calidad de las canciones. De todos los grupos fue el único que solo le interesó hablar de música, me dijo carepalo que no creía que el compilado fuese a cambiar nada, que no le interesaba sacarse fotos o sacar singles, pese a tener las canciones más pegajosas probablemente. No le apura salir del underground. Tiene principios artísticos muy fuertes.

—¿Y Niños del Cerro, que también dieron que hablar con Nonato Coo?

—Si vamos a hablar de estas dos bandas hay que hablar de sello Piloto, que las agrupa y es una casa discográfica fuerte de la escena. El primer hito grande de Piloto fue Temporada (2015) de los Patio Solar, que apareció en enero, y luego en noviembre con el mismo productor, Álex Rojas, sacaron Nonato Coo (2015) de los Niños del Cerro, que fue un disco muy esperado dentro de la escena, porque las tocatas de la banda eran espectaculares y porque ya existía un foco de atención que nació gracias al Temporada. Es increíble como todas estas bandas van a la velocidad del sonido. Vi a Las Olas a comienzos de septiembre del año pasado y ya a fines del mismo mes, cuando los vi de nuevo, eran otra banda notoriamente tmejor. Es increíble cómo se están pegando estirones todo el rato y están creciendo en público, que es algo súper importante y que requiere valentía. No son bandas que se encerraron a buscar su sonido en la sala de ensayo por meses o años. Son grupos que están creciendo ante nuestros ojos y en tiempo real. En parte por eso se vuelven entrañables. Tanto que, como pasa con Niños del Cerro, de repente parecen criaturas inofensivas. Pero esa banda es peligrosa, peligrosa para un sistema que barre con la identidad barrial y que no está ni ahí con eso porque quiere poner edificios en todos lados. De repente empieza Nonato Coo y está Simón Campusano diciéndote que sus canciones ocurren en La Florida y Puente Alto. Es igual de potente que escuchar a Redolés hablando del Barrio Yungay.

—Escuchándote hablar, uno más o menos lo adivina, pero ¿cuál fue tu función en el compilado?

—Primero, instigador, aunque después, cuando pensaba en el compilado, lo que más quería era hacer las fichas de las bandas porque lo mío es escribir. Pero llegar a eso implicó reuniones con Heyne y las bandas en las que nos juntamos a conversar, a conocerlos, a contar el proyecto y eso terminó conmigo en una posición de productor ejecutivo. También participé en la curatoría de las canciones, dentro del margen que los grupos lo permitieran, y terminé ordenando las canciones del disco de una forma que, a mi parecer, establece con claridad y resalta las diferencias musicales entre cada banda. Pero mi labor favorita, lejos, fue la que deseaba al inicio: entrevistar a los grupos y escribir los textos que acompañan cada canción.

Disponible a contar de hoy en el sitio nmc.cl, lo siguiente es un recorrido por las catorce propuestas musicales del compilado Nueva Música Chilena: pop de guitarras en Chile, en la pluma de Andrés Panes.

las olas

Las Olas
Según Las Olas, una tocata es mucho más que la ocasión de presentarse en vivo. Significa entablar un tipo único de comunicación con la gente que los va a ver: «Nos gusta que se muevan, verlos empujándose o bailando, nos motiva que estén motivados. Que otros lo pasen bien con lo que a nosotros nos gusta hacer es un motor de energía». Para llegar a su estado actual, tuvieron que transitar la vereda opuesta: «Las otras bandas que habíamos tenido eran súper tristes. Estábamos chatos de sentirnos mal haciendo una música tan oscura y necesitábamos algo positivo. Las Olas ha sido una terapia». Hasta ahora, han funcionado bajo los principios del aikido: usando a favor la fuerza del oponente, en este caso, un entorno que a veces puede volverse más hostil de la cuenta. «Aunque tengas una semana de mierda, puedes ir a una tocata y encontrar una catarsis de emocionalidad, de cosas que compartimos y que nos llevan a una comunión. De todo eso hemos sacado algo súper positivo. Queremos que nuestros sentimientos oscuros sean una fuente de energía que podamos compartir para sentirnos mejor». Su naturaleza gregaria está impresa en el nombre (y la intención) de su EP debut, Canciones para mis amigxs, y también en la velocidad que fue tomando “Todo el tiempo está ahí”: «Era una canción más lenta al principio, se fue acelerando porque nos dimos cuenta de que la gente la bailaba. Es una declaración de principios, de la forma en que queremos hacer música siempre: simple y sin rodeos innecesarios, con una letra que dice cosas que le diríamos a un amigo».

patio solar

Patio Solar
Alguna vez Patio Solar quiso integrarse a las filas del Sello Azul, pero su postulación fue rechazada por un jurado que nunca sospechó lo que iba a conseguir el grupo un par de años después: su disco debut, Temporada, se transformaría en uno de los hitos chilenos del 2015, apoyado en la solidez de un cancionero llano y candoroso, capaz de sostenerse por sí solo sin necesidad de grandes maniobras promocionales, y tan magnético que ayudó a poner en el radar a una nueva camada de músicos santiaguinos, pese a haber nacido en una comuna alejada del epicentro cultural de la ciudad, La Florida. «Nos demoramos un año en tener 100 likes en Facebook», cuenta el principal articulador de la banda, Claudio Gajardo, un compositor esmerado y de pluma fecunda que subraya la naturaleza orgánica de este proceso que avanza «a pulso, piedra por piedra» tras empezar «de cero, desde el desconocimiento total». Mediante el sello Piloto, los pequeños hits generacionales de Patio Solar han viajado de la pieza de su autor a las de otros: en vivo, siempre hay gente gritando los coros con el fervor de un cántico de estadio en plena final de torneo. Se trata de un repertorio que despierta inusitadas pasiones al ser, en sí mismo, un yacimiento de honestidad: cuando siente que están listas, Gajardo deja ser las canciones «aunque me dé vergüenza la letra». Ejemplo vivo es “Destellos de algo”, que, desde la melancolía, transparenta las inseguridades de alguien con problemas para hacer las cosas de la forma que desea. Más sincero, imposible.

paracaidistas

Paracaidistas
El pololeo de Joaquín Saavedra y Mariela Llovet es el hito inicial en la cronología de Paracaidistas. Pese a que ella no tenía experiencia en ningún instrumento, pudieron más las ganas compartidas de formar una banda y darle vida a un puñado de canciones que acumulaban polvo. «Nadie nos tenía fe, ni pensaba que pudiéramos hacer algo bueno», recuerdan sobre sus comienzos, antes de estrenarse en vivo frente a la audiencia desinteresada de una fiesta-tocata de la Universidad Católica en la que «pusieron reggaeton después de nosotros, todos querían bailar». Conocer el CFT fue como llegar a la tierra prometida: «Muchos grupos estaban metidos en el mundo de las tocatas auspiciadas por marcas, pero ahí nos dimos cuenta de que en realidad no había por qué participar de esas cosas». Santiago PopFest, Ciclo Fisura y Pop Subterráneo fueron otras instancias en las que desarrollaron su temperamento, definido por el contraste vocal entre el cáustico amargor de Joaquín y la afable dulzura de Mariela. Según ellos, Paracaidistas es «algo bonito que no es tan bonito, algo que a veces puede ser romántico y angelical, pero también perverso e irónico». De contrastes y contradicciones se alimenta su cancionero, y de eso da cuenta “Posmodernismo”, que «habla de cómo la gente usa el arte para proyectar una imagen de sí misma en las redes sociales, nos reímos de lo absurdo que es incluso formando parte de lo mismo».

del cerro

Niños del Cerro
Las empresas de telefonía camuflan sus antenas. Tres de ellas, disfrazadas de palmeras, adornan la portada de Nonato Coo, el disco debut de Niños del Cerro. Bautizado así por una calle del suroriente de Santiago, y con alusiones a sus comunas más populosas, La Florida y Puente Alto, el álbum se convirtió en el segundo hito de un 2015 redondo para Piloto. Eso ha significado exponerse a una prensa que, si bien ha sido amable con el grupo, todavía no termina de comprender todas sus aristas: «Se ha hablado harto de que las letras son barriales, pero son una dimensión pequeña del disco, sólo una parte. De hecho, fueron lo último que hice», aclara la voz cantante, Simón Campusano. Su intención es más universal que localista, pero con un dejo humilde porque «no quiero representar nada. Tampoco digo tantas cosas del barrio. En realidad, digo cosas personales que ocurren andando por el barrio. Menciono lugares para aterrizarlas, para que no queden en una nube etérea. Me interesan más las texturas en la música que lo narrativo». Por eso se mezclan huayno y The Cure en “Nos vemos cómodos en este frío”, aunque «nuestro fin en ningún caso es sonar a otra cosa que no seamos nosotros mismos».

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Playa Gótica
Hay palabras que se repiten cuando la prensa habla de Playa Gótica: pop y kawaii deben ser las más usadas. Pero, antes de unirse y responder a esas definiciones, los integrantes de la banda estaban repartidos en «cosas más cerebrales: hardcore, post rock y rock in opposition». Para que llegaran a firmar juntos una canción como “Reptil no gentil”, que según la cantante Fanny Leona «antes era más tosca vocalmente, pero se volvió una mezcla de Jeanette y de las intros de animación japonesa tipo Sakura Cardcaptors», fue necesario un proceso en el que cada uno tuvo que ceder. «Tomó paciencia y cariño, no es fácil estar en un grupo como Playa Gótica, donde todos queremos ser creativos, pone a prueba la tolerancia», aseguran, pero gracias a eso ahora «hay una agilidad diferente, una gimnasia, logramos llegar rápido a lo que queremos, antes cambiábamos muchas cosas y hacíamos mil versiones de cada tema». En ese trecho, vivencias al por mayor: contar con el apoyo de Milton Mahan de Dënver en la producción, telonear a J Mascis de Dinosaur Jr., ganarle a una crisis que amenazó su existencia, sacar la personalidad suficiente para enfrentar las cámaras en la grabación de un video para “Reptil no gentil”. Ante el agitamiento, un propósito: «Ser una banda desvergonzada, brutal y salvaje. Hacer que la gente se libere y se olvide de todo».

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El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco
El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco tiene más palabras en su nombre que discos a su haber. De hecho, no tiene ningún disco. Pero sí cuenta con el aprecio unánime de sus pares: ya se ha visto sobre el escenario a Planeta No, acompañados por los vocalistas de Patio Solar y Niños del Cerro, tocando un cover de “Tiempos bajo el sol”, acaso su canción más accesible, un himno arrebatador digno de sacarse la polera y revolearla al viento en cámara lenta. Que la versionen significa que uno de los primeros objetivos trazados por la banda se está cumpliendo: «Dijimos “esto va a ser de culto o no va a ser nada”». Suena ambicioso, pero a decir verdad su génesis responde a motivos más sencillos. Su instigador, Vladimir Mella, admite que la existencia de ECSDLQHP se debe a que «yo quería armar algo porque veía que todos estaban tocando y yo quería tocar también». En este caso, “todos” significa los mentados Patio Solar y Niños del Cerro, sus amigos y coterráneos floridanos. Luego de sobreponerse a contratiempos materiales como la precariedad de recursos, y tras pasar el verano del 2015 improvisando en su centro de operaciones, la pieza de Vladimir, el grupo tomó forma, definiendo otra de sus metas: «Ir más allá de dos acordes y una línea de bajo simple». En términos prácticos, significó la inclusión de ritmos folclóricos en batería y arpegios, inspirados en especial por las anticuecas de Violeta Parra en Composiciones para guitarra, dentro de un estilo que podría resumirse como emo y que, por el uso ocasional de trompeta, naturalmente se asocia con American Football. Hay que aprovechar para deleitarse con su música mientras dure: Vladimir advierte que «no me imagino a los 40 tocando guitarra eléctrica en una banda».

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Velódromo
La existencia de Velódromo es un triunfo del mutuo acuerdo. Apoyado en bases firmes, como un convencimiento ciego en el trabajo metódico y la férrea amistad entre sus integrantes, el cuarteto representa la concreción de anhelos de larga data, expresados en encarnaciones previas que poco y nada tienen que ver con su actual impronta, pero que sí hablan de un apetito que hace tiempo necesitaba ser saciado. Lo que hoy conocemos como Velódromo es el fruto de una larga evolución: cuesta creerlo escuchando su EP homónimo, con el que debutaron el año pasado ante el aplauso cerrado de la prensa digital especializada, pero alguna vez fueron un grupo acústico. Desde su génesis en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, cada paso que dan implica un diálogo entre los integrantes, una reflexión conjunta: «Somos nerds y nos afecta mucho el sonido, nos interesa que todo lo que hacemos cumpla con un estándar de calidad». Ser tan prolijos los ha llevado a compartir escenario con músicos que admiran, como Tortuganónima y los ex miembros Jirafa Ardiendo, un espaldarazo a su sesuda idea de cómo abordar las cosas, supeditada a un afán de «que la discusión entre lo pop y lo under ojalá quede obsoleta, de entregar algo que sea honesto y crudo, pero muy bien hecho». Esa mezcla es palpable en “Gémini”, que se vale de múltiples recursos estéticos con tal de envolver en una red de estímulos auditivos que fraternizan con el ruidismo.

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Chini and the Technicians
Nunca hubo un momento en que los integrantes de Chini and the Technicians decidieran armar un grupo. Tras conocerse estudiando arte en la Universidad Católica, simplemente se dio. La foto que sale en la portada de su EP debut, En el fondo todo va bien, data de su primera tocata en el verano del 2015, cuando ya manifestaban que el aspecto visual no sería dejado al margen. Chini Ayarza, una de esas vocalistas sin grado medio, que canta muy fuerte o muy despacio, se encarga de que nadie quede indiferente: incluso puede salir al escenario disfrazada de Sailor Moon si considera que la ocasión lo amerita. «La performance es algo muy propio de Chini, ella es un personaje que propone excentricidad dentro de la banda», subraya uno de sus cómplices, Roberto González, parte de una base sólida de intérpretes que aportan texturas, silencios y cambios de dinámica, turnándose el ukelele, un bombo legüero, una guitarra o un bajo. «Buscamos los cruces semióticos, ser inocentes y alegres, pero macabros. No ser tan obvios», esclarece Chini, que en “Amor naif” canta sobre «ese momento cuando una ya lleva cierto tiempo en una relación y se da cuenta de que algunas expectativas no van a poder cumplirse porque son imposibles, y de que siempre habrá un roce. Tiene que ver con decepcionarse del amor romántico que la sociedad nos enseña».

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Mi Andrómeda
De noche, las estrellas pueden verse claramente en Melipilla, la comuna de la que viene Mi Andrómeda, ubicada 60 kilómetros al suroeste de Santiago, toda una excepción a la regla en una zona donde la mayor parte del cielo está cubierta por una nube de esmog que empaña la visibilidad. Por eso no es de extrañar la vocación astronómica del dúo, que, aparte de llamarse así, tituló Alfa Reticuli y Beta Reticuli sus primeros epés, en referencia a la constelación natal de los extraterrestres colonizadores de Los archivos secretos X. El fundador del proyecto, Vicente, se identifica con los alienígenas: «Cuando estaba terminando el colegio, empecé a sentir que no era de este planeta, que venía de Marte». Aunque usa una melena que lo hace lucir como un thrasher de los 80, tiene gustos dispersos: Luis Miguel, My Bloody Valentine y Limp Bizkit han sido algunas de sus predilecciones. Así ha forjado un perfil único, fruto de circunstancias especiales: la demora con la que llegan las tendencias a Melipilla y su poca afinidad con la tecnología. «Siempre voy 10 años atrasado, no porque yo quiera, sino porque eso me tocó. Eso me ha ayudado a tener menos distracciones, a estar siempre dibujando, pintando y haciendo música». El año pasado, Mi Andrómeda debutó en larga duración con Solana, un disco de alto vuelo creativo al que deberíamos referirnos en femenino, como al resto de su obra: «Si mis canciones tuvieran sexo, serían mujeres porque trato de componerlas desde mi lado femenino, por eso muchas llevan nombres de mujer, de ahí viene “Francisca no contestó”».

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Columpios al Suelo
En la cabeza de Juan Pablo Órdenes, su cantante y guitarrista, Columpios al Suelo se viene gestando desde hace muchos años. Después de pasar de idea a acción, el grupo ha evolucionado a lo largo de medio centenar (y contando) de tocatas en diversos lugares del Santiago subterráneo, a veces topándose en el camino con algunas de las criaturas sin ley que la noche alberga. Con tantos kilómetros de calle recorridos, resulta lógico que la atmósfera capitalina tiña su música: «“Un día afuera” es una canción sobre una persona que anda por la gran ciudad y se siente expectante», dicen antes de aclarar que «tiene cierto optimismo, es nuestra faceta más amable, pero también tenemos un lado más oscuro y fuerte». Sin contrastes, no habría Columpios al Suelo. Aunque se han mantenido fuera del radar, moldean su sensibilidad echando mano al gran cancionero pop; a pesar de haber atravesado pellejerías como no tener instrumentos al comienzo, Órdenes nunca desestimó la seriedad de la banda: se reconoce perfeccionista y, a la hora de lidiar con sus compañeros, exigente. «Somos una banda complicada», explica, y es precisamente ahí, en la capacidad de ser multidimensionales y soportar lecturas desde distintos prismas, donde radica su poder de atracción. Eso sí, al final todo se resume en que «la música es el medio para echarte a volar».

trementina

Trementina
Antes de abandonar el sur de Chile e instalarse en la capital, los valdivianos Trementina ya tenían un EP, Brilliant Noise, editado en Japón por el sello Vinyl Junkie. El lazo con el país asiático se estrecharía luego en una visita a Tokio en la que compartieron cartel con Astrobrite y fueron guiados a través de la ciudad por Narasaki, un astro nipón de la guitarra que se enganchó con su policromadas canciones, en las que conviven fuertes personalidades musicales: Cristóbal, un estudioso de la guitarra; Lucas, un bajista que además diseña el sonido del grupo; Vanessa, una cantante de corazón pop; y Simón, un batero de eficacia probada en decenas de tocatas. Juntos, coronan la quijotada de cancelar sus vidas normales compartiendo el mismo techo en el Barrio Yungay, parte del casco histórico santiaguino, donde de vez en cuando organizan fechas en el salón que también usan para ensayar. En ese lugar tomaron las cientos de fotografías que constituyen el video de ‘Fall Into Your Bed’, una canción que refleja su soltura para darle colorido y desorden al shoegaze, contagiándole su espíritu juerguista a un género usualmente asociado a la seriedad. Por estos días, Trementina apronta salida de un disco del que aún se sabe poco: en el fondo, no están casados con ningún estilo musical y por sus activas cabezas rondan todo tipo de ocurrencias.

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Monoazul
Vladimir Mella es una fábrica ambulante de canciones. Desde chico fue así: «Antes no había internet en mi casa porque mis papás no tenían plata, pero había una guitarra, así que lo único que hacía era tocar». Cuando llegó finalmente la banda ancha, ya estaba absorto en un proceso creativo de nunca acabar. Hoy, aparte de sus grupos El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco y Autitos Chocadores, mantiene en paralelo una carrera solista bajo el alias Monoazul, con el que debutó en las postrimerías del 2015 editando Regalo, un EP de libre descarga nacido originalmente como obsequio navideño para su polola. En ese compendio de grabaciones caseras, devela intereses transversales a todos los proyectos en los que se ha embarcado: volver a lo natural, resaltar la autenticidad y la nobleza de la música hecha con instrumentos que funcionan a tracción humana. Para Vladimir, Monoazul es un depósito de ideas. Lo ve «como un tarro de lata donde cabe todo lo que se me ocurre, y donde no importa si el contenido es bueno o malo: soy yo». Si de repente canta como argentino en “Cielo gigante” es «porque así me nace después de tocar covers de 2 Minutos, Flema y Fun People desde que tengo 15 años». Le choque al que le choque, no hay margen para satisfacer el paladar ajeno en este verdadero desahogo del alma: «Tengo que publicar las canciones que hago para sentirme bien conmigo mismo. Si las guardo en mi computador, me siento mal. Necesito que no queden en el olvido».

urban monk

Urban Monk
Víctor Zambrano y Diego Guerrero forman el núcleo duro de Urban Monk. Se conocen desde la década pasada, pero sospechan que se vieron de niños. En La Serena, de donde vienen, sus papás eran contemporáneos que pertenecían al mismo grupo juvenil de iglesia, así que la dupla estima muy probable haber compartido metros cuadrados en algún cumpleaños infantil. Urban Monk pudo existir desde mucho antes, pero, después de hacerse amigos, Víctor emigró por tres años a Brasil y fue ahí donde compuso las que eventualmente serían las primeras canciones del proyecto -aparecidas en el EP Primavera en secreto-, instaurando un método de hacer canciones que suele partir con sus ideas y luego sigue con las modificaciones que aporta Diego. Esa dinámica prevalece en su trabajo conjunto, sin embargo, “Collage” -del EP posterior, A lua– nació a la inversa. Según su artífice, «va dirigida hacia la raza humana, imaginándola como a las personas que caminan por el Paseo Ahumada, es una visión emo de mí mismo y de la gente». Aunque de una forma sutil porque «no queremos canutear a nadie», los mensajes de Urban Monk están plasmados en letras de inclinación panteísta que llaman a prestarle atención al mundo que nos rodea: «Hay fuerzas que nos controlan y que por ignorancia tendemos a ser menospreciar. No hablamos de políticos o del sistema, son cosas más poderosas, como el entorno».

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Perfectos Extraños
Abunda la melodiosidad en las canciones de Perfectos Extraños, hasta el punto de hacer olvidar que es la música de personas temperamentales. Su fundador, Nicolás Besa, se fue en malos términos de la banda en la que estaba antes: boicoteó una tocata arruinando a propósito sus intervenciones de guitarra, en señal de reprobación del rumbo perseguido por sus ex compañeros, demasiado imitativo a su parecer. Ahora satisface las inquietudes en un grupo que «no se puede resumir en pocas palabras, abarca demasiadas emociones». Aunque de lunes a viernes, en horario de oficina, a los integrantes de Perfectos Extraños es posible encontrarlos en sus respectivos trabajos formales, cuando unen fuerzas rompen la monotonía y se conectan con un anhelo común: «Reflejar que nuestro espíritu sigue siendo adolescente». Para expresar sensaciones tan profundas, acuden a diversas herramientas, como la distintiva voz de Karen Cabezas o las poperas seis cuerdas de Franco Cruz, pero también se expresan mediante detalles sutiles. En “Fugaces”, cuentan la historia «de los amores modernos, de alguien que se enamora un día y se aburre al otro. Queríamos transmitirlo, por eso las guitarras suben hasta formar un caos y terminan de golpe, como diciendo “ya no te quiero, aléjate de mí”».

Nueva Música Chilena: memorias del futuro

Sobre el autor:

Alejandro Jofré (@rebobinars) es periodista y editor de paniko.cl.

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