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Sin más pero sin menos

por · Mayo de 2016

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Hay algo en las extensiones mínimas, una especie de belleza que seduce por ingeniosa, por valiente, porque bastan pocas palabras para dar un golpe sobre la mesa o montar el diario que comprime unas semanas en pocos minutos. «El cuentista es un tipo que tiene un altísimo respeto por el tiempo, por el de él y por el de los demás», dijo la cuentista argentina Samanta Schweblin. Por supuesto, como buen género conciso, las extensiones mínimas son una minoría tal vez por desconocimiento: nunca dominan el paisaje en los mesones donde se imponen las novelas, los libros de ensayo y memorias, incluso debajo de los conjuntos de cuentos y de poemas.

Bajo el título Desvelados, el número 43 de la revista de literatura Eñe (La Fábrica) viene a pontificar sobre buenos relatos: microcuentos con la poda de aforistas y poetas del haikú, prodigios de la ingeniería que no abandona ninguna pieza que no cumpla una función y la artesanía que enfoca su objetivo en la belleza, entre otros, los finalistas de Cosecha Eñe 2015, un concurso de alcance continental con más de cuatro mil cuentos recibidos.

Además del ganador Albúmina, de Giovanna Rivero (Santa Cruz, 1972), este número de la revista española incluye los relatos de Rodrigo Blanco Calderón (Caracas, 1981); Matías Candeira (Madrid, 1984); Alberto Chimal (Toluca, 1970); Antonio Díaz Oliva (Temuco, 1985); Carmen M. Cáceres (Posadas, 1981); Gustavo Nielsen (Buenos Aires, 1962); Emily Roberts (Ávila, 1991); Sonia San Román (Logroño, 1976); y Mónica Sánchez (Madrid, 1970).

En las secciones estables, Andrés Barba publica un divertido diario de viajes con Marruecos como telón de fondo, y el escritor Rafael Gumucio comparte las primeras páginas de su mejor novela hasta el momento, Milagro en Haití (Literatura Random House, 2015).

Más adelante, la novelista española Espido Freire planta batalla a favor de los cuentos de hadas, Elvira Navarro recuerda las novelas de Rafael Chirbes, autor de la novela Los disparos del cazador, y la cronista peruana Gabriela Wiener, conocida por su trabajo en la revista Etiqueta Negra, publica un poema enraizado en la Rusia de Pushkin.

Un poco antes, el periodista español Antón Castro conversa con Samanta Schweblin, quien «entiende la literatura como un viaje desde la oscuridad hacia las regiones de la luz».

Schweblin dispara una de las ideas interesantes del número: la literatura como una forma de adentrarse y explorar un territorio enemigo, lleno de maleza, de confusión, de dolor y tal vez de miedo.

Desde la entrevista, la autora de Pájaros en la boca (Literatura Random House, 2016) esboza además una especie de poética de su obra, mezcla de inminencia y velocidad como características decisivas: «Tengo una teoría más o menos personal, una locura con nombre —dice Schweblin—. La velocidad, una palabra en sí misma tan desvalorizada, no es el ritmo, es la cantidad de cosas que uno puede escribir en la cabeza del lector con una sola oración en el papel, algo que los norteamericanos manejan muy bien. Si yo digo ‘afuera hace frío y llueve’, bueno, puede ser un gran final de una gran novela, no le digo que no, pero la realidad es que lo que yo digo es lo mismo que el otro recibe. En cambio, Raymond Carver empieza un cuento diciendo: ‘Un hombre sin manos toca la puerta para venderme una fotografía de mi casa’. ¿Quién es ese hombre, cómo toca la puerta si no tiene manos, por qué toca mi puerta, por qué me toma la foto, por qué me la quiere vender, qué estaba haciendo yo en esa foto? Esas son preguntas o enigmas que están implícitos en esa oración inicial, pero no están escritas en el texto, sí en la cabeza del lector. Eso es pura velocidad».

Como en cada número, Eñe es ilustrado por un artista. Es el caso de las fotógrafas Cemre Yesil y María Sturm, encargadas de la portada y algunos interiores, con imágenes de su muestra For birds sake, inspirada en la contradicción entre el amor, la posesión y el placer por las aves en cautiverio.

ene

Revista Eñe 43
Varios autores
La Fábrica, 2015
126 p. — Ref. $10.000

Sin más pero sin menos

Sobre el autor:

Felipe Ojeda (@paniko).

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