Vuelve Narcos

por · Septiembre de 2016

Puede que mitificar la figura de los bandidos, asesinos y maleantes sea parte de la «naturaleza» latinoamericana. La segunda temporada de Narcos, la serie de Netflix, justamente da cuenta de aquello.

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Puede decirse que mitificar la figura de los bandidos, asesinos y maleantes es parte de la «naturaleza» latinoamericana. Imaginarlos como seres cuasi inmortales, que superan cualquier obstáculo con la sola fuerza de su presencia, es algo que no solo en los pueblos perdidos y olvidados, sino hasta en las grandes ciudades del continente, sucede. La segunda temporada de Narcos, de Netflix, justamente da cuenta de ello.

El primer episodio de esta temporada inicia en medio de la selva, cuando un grupo de militares —asustados— intentan cazar a Pablo Escobar. Uno de ellos dice haber escuchado que a Escobar lo mataron, lo quemaron y que luego de sus cenizas, volvió a renacer y mató a cada uno de sus enemigos. En eso, Pablo Escobar aparece. Con solo proferir unas palabras, los militares se apartan y lo dejan ir… libre. En ese, y otros episodios, vemos cómo parte del pueblo Medellín le tiene afecto, y se maravilla con su presencia. Ni con Dios, ni con un político: un narco causa más devoción.

La segunda temporada de Narcos mantiene la misma línea de la primera: episodios que tienen pequeños momentos con un aire a documental, la convergencia de diálogos en español y en inglés, la violencia sin filtro, y el acento poco creíble del actor Wagner Moura, quien interpreta a Escobar.

Sin embargo, esta nueva entrega es más dinámica, con más acción, y persecución que la anterior, así como también brinda una mayor exploración en esa idea de que los enfrentamientos entre narcos y policías no es una lucha de malos contra buenos, sino una pura escenificación de violencia y corrupción. Quizá ese sea el mayor logro de Narcos: no representar héroes, sino personas. Como tales, las emociones pueden llevar a cualquier hombre o mujer a traspasar los límites, y a desterrar la dignidad como rasgo intrínseco de cualquier ser humano. Al no haber dignidad, solo quedan cuerpos como objetos dispuestos a ser violentados.

Narcos tiene historias para más temporadas, puesto que se trata de un actor social que no ha desaparecido, sino, más bien, se ha ido expandiendo a lo largo del continente.

Vuelve Narcos

Sobre el autor:

Alejandro Martínez ha colaborado para distintas revistas en América Latina y Estados Unidos.

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